A veces me pregunto si estoy caminando de la forma adecuada por los senderos más acertados… Está claro que la vida se basa en las equivocaciones para aprender de los errores, pero tropezar con la misma piedra quizás sea un claro mensaje de no estar haciendo las cosas de la mejor forma posible.

Son tantos los días en los que llego a sentirme vacía, demasiados… Lo cierto es que nunca sé cómo llenar esa sensación de soledad que me invade y carcome por dentro, hasta dejarme sin fuerzas. Y, entonces, ¿qué suelo hacer? Vender mis sueños al primer diablo que se pasa por delante, como si él, vestido de ángel, fuese a conseguir salvarme de mis mayores males.

Me enamoro con tanta facilidad… Quizás “enamoramiento” ni siquiera sea la palabra correcta… Me entrego demasiado rápido, con la esperanza de que esa nueva persona sepa curar todas mis heridas e incluso se atreva a borrar las cicatrices que llevo en mi piel y siguen incomodándome de vez en cuando.

Regalo gran parte de mi energía y confianza a ciegas, creyendo en la bondad innata del ser humano, no siempre real… Todo por vivir demasiado exteriormente, por focalizar mis pensamientos en lo que hay en el mundo de ahí afuera que me rodea, sin dedicar suficiente tiempo a cambiar de perspectiva y posar mi mirada en mi interior, para yo misma coser cada herida, cada miedo, cada duda…

Mi inocencia me ha traicionado demasiadas veces y mis inseguridades me han llevado a hacer verdaderas locuras, por no haber superado del todo mi pasado y temer demasiados días mi presente. Me infravaloro constantemente y por mucho que intente nutrirme con pensamientos positivos, vuelvo a caer, por no creer en mi valía, por desoír mi voz amiga.

Me desvivo por que aparezca alguien que me haga sentir un poco mejor. Es más, ni siquiera le doy tiempo a que se aparezca, yo misma busco incluso debajo de las piedras, como si no pudiese caminar lo suficientemente lejos sin alguien a mi lado… Pero hay algo de ironía en todo esto… Me han tirado ya muchas veces al suelo, de manera inesperada y, a pesar de que cada vez me cuesta más levantarme, en lugar de avanzar sola, sigo perdiendo el tiempo deambulando por senderos alternativos cual Caperucita.

Hay tantos momentos en los que me siento menos mujer y necesito que alguien lo niegue a gritos… Si yo misma no me trato todo lo bien que debería, ¿realmente aspiro a encontrar a alguien que me quiera más de lo que yo me quiero a mí misma? ´

Debería empezar a asumir que en este mundo no hay príncipes azules. Como muy bien decía una profesora en el instituto, los trajes acaban por desteñir, sean del color que sean… Sin embargo, si bien el mundo está lleno de príncipes que dicen llevar traje azul (o a los que yo misma visto de azul celeste), también hay guerreras que no necesitan ni capa ni espada para luchar.

Tal vez me sienta vacía por estar haciendo mal uso de mi energía y de mi tiempo. Si elijo el camino erróneo, siempre puedo retroceder. El tiempo, no obstante, nunca vuelve…

Anuncios