He volado tantas veces,

¿por qué entonces temer alzar el vuelo de nuevo?

No hay nidos a los que aferrarme,

tan solo ramas de un mismo árbol en las que descansar a medio camino.

Quizás debería haber reposado más tiempo

antes de emprender un nuevo viaje,

pero qué decir de mis alas más que preparadas.

He de creer en el poder de mis plumas

y ver esta aventura con diferente perspectiva.

No como un cambio,

sino como una renovación para reconstruirme.

Dejar en un montón las plumas secas

y dejar brotar con más fuerza las destinadas a sobrevivir.

Para volar bien alto,

como hasta ahora.

 

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