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Lo que daría por sentir tus dedos hundiéndose en mis profundidades…

 

Te dejaría vagar por mi jardín de rosas,

guiándote hacia los caminos de mi orquídea,

ese corazón palpitante que se acelera con el roce de tus manos,

cuando me estrechas más fuerte

y me susurras al oído.

 

El color oliva de tus ojos me paraliza…

Me gustaría anclar mi barca en tu océano verde

y pasar una noche haciendo música juntos,

piel con piel,

hasta que cada nota erice todos los polos de nuestro cuerpo.

 

Colmados por las gotas de sudor de nuestra respiración,

que silencio cada vez que te aproximas,

oculto con cuidado cualquier atisbo de oleaje en mi mar,

para no empujar tu barca lejos.

 

Lo que daría por sentir tus dedos tirando de mis cuerdas

para poder subirte a mi navío

bajo una lluvia de perseidas inesperada,

entre las gasas invisibles del horizonte nocturno.

 

Sobre una nube me gustaría sentirte estirando mis alas,

tus dedos en cada pluma,

cual piano de cola,

hasta llegar a las profundidades de mis costas serpenteantes.

Y construir una nueva melodía.

Juntos.

 

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