Durante un tiempo

tu presencia consiguió

mitigar a esa bestia interior

fabricante de pesadillas,

tenías el efecto de un abrazo

bajo las arrugas de sábanas

que no hemos compartido

ni compartiremos,

pero en las que intentaba grabar

la fragancia que dejabas en mis sueños.

Fuiste refugio en mi oniria

durante un corto período de tiempo,

ya no tenía miedo a cerrar los ojos en la noche,

no necesitaba venda alguna

para evitar las imágenes producto de las sombras,

pues con tus manos desdibujabas la niebla,

te abrías paso en las tinieblas

de los engranajes nocturnos

que solían atormentarme

con el ruido de su movimiento oxidado.

Pero te has esfumado,

no sé si te han echado

o has sido tú que te has ido.

Cierro los ojos y no te encuentro,

no hay calles que recuerden haberte visto,

ni escaparates que hubiesen capturado tu reflejo.

Tal vez si pudiese volver a aquel río,

pero me da miedo releer el guion

de una película que no volverá a ser proyectada.

Los negativos se han perdido,

bajo el agua,

allí donde creía que me esperabas.

Probablemente el adiós

de un hola nunca escrito.

Debería haberlo predecido,

pero no supe descifrar las líneas de aquel cielo,

tan solo tenía ojos para ti.

 

 

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