Me pregunto si llegará a haber ojos capaces

de vestirme desvestirme

sin llegar a sentir el roce de sus manos.

Me pregunto si llegará a haber ojos capaces

de hacerme prosa y poesía,

entre pluma y botes de tinta china,

convirtiendo mi piel en papiel sepia,

en lienzo de palabras escritas y susurradas

que nadie más que nosotros escuchará.

Ojos que besen mi cuerpo con sus pestañas

y que descubran rincones de mi mapa

que ni yo conocía,

que no había sentido hasta entonces.

Ojos que me activen y reactiven,

que sean madera de una hoguera interior.

 

De acariciar, quizás,

su mirada atlántica,

o sus iris marrón chocolate.

Intento buscarlos en las calles

de las ciudades que recorro

en el abrazo de mi soledad,

pero no hay miradas que hagan de espejo,

tan solo paletas opacas

que pasan de lado,

se esfuman,

y no dejan ni el halo de su sombra

sobre los adoquines que sí me observan.

Quizás,

si por unos instantes cierro los ojos,

su brújula se atreva a marcar la cuenta atrás

y me encuentre,

cuando yo ya no esté buscando.

Ojos capaces…

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