viento

Soñaba con llegar a escribir una novela juntos,

rellenarla poco a poco con nuestras plumas,

siendo libres,

pero sin miedo a juntar nuestras tintas.

Trabajaba en un título

para bordar en mi tela de Penélope,

pero me adelanté a los granos de arena

del reloj de nuestro tiempo.

Mi sueño era que me hicieses literatura,

ser una de las mujeres del rehén de ilusiones

pero de las que no parten,

a las que dejan quedar,

pues sin su presencia no habría novela.

Yo no soy como ellas,

no he llegado ni a aparecer,

porque nunca abriste la puerta de tu oficina,

ni te sentaste delante de la máquina de escribir

para hacerme literatura.

Simplemente soy mi propio espejismo,

una ilusión recreada en los pliegues de los sueños,

pues ni yo soy literatura

ni literatura eres tú.

Somos la nada de una novela en blanco,

sin pastas,

pues no hay título para arroparla.

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