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sexo

Hace mucho que la película se ha acabado,

en la habitación,

la única luz es la del telvisor ignorado,

parpadeante,

a ritmo acompasado

con cada botón activado

tras un nuevo beso,

recorriendo el mapa completo del cuerpo,

para volver a los labios,

la punta del iceberg

con amenaza de deshielo.

Intercambio de copas,

pasar del vino blanco

al tinto

simbiosis de un rosado,

que impregna pieles ajenas

en proceso de descubrimiento,

de lectura interna y externa.

Aventura corpórea

por el desierto de sus pieles ardientes,

como el crepitar de la hoguera de sus corazones,

chispeantes,

acelerantes,

ménades danzantes

a punto de estallar

para acompañarlos en su danza

de frenesí,

de oleadas de agua calma

y mar en plena tormenta.

Un atrezzo de sábanas arrugadas

y desnudos que no serán fotografiados

en la soledad acompañada de una caverna

de sensibles e invisibles.

Dos esclavos encadenados

por el lazo de sus brazos

y las rejas de piernas

que se dibujan y desdibujan

con el vaivén del ímpetu

acelerado y desacelerado.

Pero no tienen prisa por salir de la cueva,

ignoran las sombras

que proyectan sobre las paredes blancas

que hacen de lienzo

de ese cuadro en movimiento,

de pinceladas lentas y rápidas,

de violencia no intencionada

y suavidad retomada.

Óleo de pinturas pastel

con firmas mudas

y otras que hablan,

se apagan,

y vuelven a brotar,

en infinidad de afirmativos

con sed de más,

de más tinto,

más blanco,

y rosados que salpiquen el mapa.

Cartografía de blancos y negros,

de líneas rectas y curvas sobre la cama,

en el firmamento de sus lunares

que brillan en cielos opuestos

y juntan sus mejillas

hasta fundirse,

hasta sumergirse en el océano,

en un único azul lapislázuli

de celestes y marinos.

Ya juegan con una misma paleta,

ambos pintores impresionistas

recorriendo las calles de su París,

del ese que siempre queda

y del que está por descubrir.

Óleo de pinturas pastel

con firmas mudas

y otras que hablan,

se apagan,

y vuelven a brotar,

en infinidad de afirmativos

con sed de más.

Piano, piano…

 

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