“Son tiempos difíciles para los soñadores”

pero yo sigo soñando,

con ojos abiertos y cerrados.

Vivo en una oniria constante

que se sostiene sobre cimientos de arena

que el viento acaba deshaciendo.

Y solo entonces me reprocho

el haber tenido fe en ladrillos efímeros

pese a no haber tenido miedo segundos antes

de haber ido saltando del uno al otro,

en perfecto equilibrio,

pues soy pluma entre los pliegues de las gasas de mis sueños.

Telas entre las que me quedo dormida y despierto,

impregnadas del vivo recuerdo de ese nuevo deseo,

de esa nueva chispa de locura

fruto del chasquido silenciso de mis sueños.

Tal vez lo difícil no sea soñar,

sino elegir nuestros sueños,

distinguir las cenizas buenas de las malas,

para que de entre ellas el fénix pueda desplegar las alas

y no necesite ningún otro castillo de arena

a merced de una brisa que se limitaría a rozar mis alas.

Mi guarida no sería una torre torcida de arenisca,

pues por hogar tendría el cielo

y por hermanas, las nubes que vuelan en la invisibilidad del firmamento.

Son tiempos difíciles para los soñadores

que no sabemos soñar.

Todavía.

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