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“Just because it isn’t happening here, doesn’t mean it isn’t happening” Save the Children 


El 20 de noviembre se celebró el Día del Niño, un homenaje que tiene lugar cada año pero que por desgracia no es más que papel mojado del calendario. A lo largo y ancho del mundo se violan constantemente los derechos más básicos de la infancia. Niños soldado, niños que trabajan en condiciones infrahumanas que ninguna persona debería tolerar, niños que pasan hambre y se van a cama con el estómago vacío, niños que por hogar tienen una haima o una tienda en un campo refugiados, niños a los que secuestran y obligan a apuntar al “enemigo” con un arma. Una infancia marcada por la ausencia de escuelas, de agua potable, luz eléctrica, una buena alimentación y una casa que no sea objetivo de los proyectiles de los tanques de guerra que tampoco dudan en destruir hospitales. Inseguridad, inestabilidad y miedo, realidades completamente alejados de los derechos que deberían proteger a todo niño independientemente de su nacionalidad, sexo, religión, raza…

Los niños sirios llevan viviendo desde hace cuatro años en un país en guerra continua y algunos de ellos son hijos del conflicto, niños y niñas que no conocen la paz. Algunos viven asediados en sus ciudades de origen, otros permanecen en los campos improvisados en los que la lucha contra el frío del invierno que está a punto de llegar es un reto constante y también los hay que ponen sus vidas en peligro rumbo a Europa a través del Mediterráneo. Pero su calvario no finaliza con la llegada a tierra, sino que no es más que una continuación en suelo europeo del viaje por mar. Niños de la guerra y niños refugiados, esa es la triste realidad de la infancia siria.

¿Acaso esos niños son insignificantes a ojos de la Declaración de los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1959)? ¿Acaso sus vidas no importan? Porque no solo basta con sobrevivir, con no ser alcanzado por una bomba o con tener la suerte de naufragar en el Mediterráneo o en el Egeo. Esos niños tienen derecho a la vida, pero a una vida digna, una vida que se respete y se valore. Porque todo niño es presente y futuro.

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La Convención de los Derechos del Niño (1989) recoge un total de 54 artículos, los cuales se podrían sintetizar en cuatro puntos claves:

  • La no discriminación: todos los niños tienen los mismos derechos.
  • El interés superior del niño: cualquier decisión, ley, o política que pueda afectar a la infancia tiene que tener en cuenta qué es lo mejor para el niño.
  • El derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo: todos los niños y niñas tienen derecho a vivir y a tener un desarrollo adecuado.
  • La participación: los menores de edad tienen derecho a ser consultados sobre las situaciones que les afecten y a que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

La realidad en Siria

Unos 14 millones de niños de la región sufren los efectos del cada vez más intenso conflicto que se desarrolla en Siria y gran parte de Irak.

  • 5,6 millones de niños que sufren situaciones extremas dentro de Siria: pobreza, desplazamiento y estado de sitio.
  • 2 millones de niños que viven ahora como refugiados en Líbano, Jordania, Irak, Turquía, Egipto y otros países del norte de África.
  • 3,6 millones de niños de las comunidades vulnerables en las que se albergan otros refugiados.
  • 2,8 millones de niños iraquíes obligados a abandonar sus hogares, muchos de los cuales se encuentran atrapados en las zonas controladas por los grupos armados

Ni la Declaración de los Derechos del Niño ni la Convención de 1989 hablan de la existencia de niños de primera o de segunda, de niños cuya vida valga el doble que la del vecino al otro lado del océano o de niños cuya vida valga la mitad que la del europeo por haber nacido en bajo cielo occidental. Los niños son niños, aquí y allí, en España y en Siria, en Europa y en Oriente Medio y sus derechos son universales. Porque no pase aquí no quiere decir que no esté pasando.

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