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España, 1492

Tuvo lugar lo que se conoce como diáspora sefardí, la expulsión de los judíos de España por orden de los Reyes Católicos. El 31 de marzo de 1492 se firmó el decreto de expulsión de los judíos en base a un texto del Inquisidor General Tomás de Torquemada.

Un un primer momento la mayor parte de los judíos expulsados de Sefarad (así es como se denomina en hebreo a la península Ibérica) por Isabel la Católica y Fernando eligieron el norte de África (Magreb árabe) como su nuevo hogar, así como los estados cristianos froterizos (el reino de Portugal, el reino de Navarra y los estados italianos).

En 1498, para su desgracia, fueron nuevamente expulsados, esta vez del reino de Navarra y en 1497 los judíos que se habían instalado en Portugal habían sido obligados a convertirse a la religión cristiana. Muchos de ellos acabaron huyendo al norte de Europa, sobre todo en la zona de los Países Bajos y tras su expulsión también de Italia, se dirigieron a los territorios del por aquel entonces Imperio Otomano de los Balcanes y Oriente Medio.

Además de conservar su religión, también mantuvieron muchas de sus costumbres españolas en los países en los que se fueron instalando e incluso conservaron su lengua, el judeoespañol, procedente del castellano del siglo XV.

“Los sefardíes nunca se olvidaron de la tierra de sus padres, abrigando para ella sentimientos encontrados: por una parte, el rencor por los trágicos acontecimientos de 1492; por otra parte, andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida…”Henry Kamen, La Inquisición Española. Una revisión histórica.

Aquella lengua suya, el judeoespañol, derivó en una nueva lengua conocida como ladino (que se conserva todavía a día de hoy en zonas como los Balcanes). Se trata de la lengua que los judíos españoles hablaban en la diáspora, un judeoespañol que por formarse fuera de la península fue adquiriendo palabras italianas, francesas, árabes, arameas, turcas y griegas, dependiendo de adónde fueron a parar estas personas. El ladino se fue pasando de generación en generación pero no fue este el único legado que se transmitió de padres a abuelos.

Tras la expulsión, los sefardíes no solo se llevaron consigo su culto y su lengua, sino que también portaron con ellos las llaves de sus casas, las llaves de sus hogares en una España cerrada a cal y canto. Cuando abandonaron su querida Sefarad, los judíos españolas creían que solo estarían fuera por un tiempo y que se les permitiría regresar tarde o temprano, por eso se llevaron las llaves que ahora tienen sus descendientes. No podían llevar ni oro ni joyas, pero sí la llave que abría la puerta de sus casas. Objetos que se han convertido en auténticas reliquias y en memoria del pasado.

 

Palestina, 1948

El éxodo palestino que tuvo lugar en 1948 se conoce con el nombre de Nakba (en árabe, “catástrofe” o “desastre”). El pueblo palestino fue atacado, masacrado y expulsado de sus casas por parte de sionistas violentos que los enviaron a campos de refugiados y no les permitieron volver a sus hogares, violando así la ley internacional y los derechos humanos. Muchas de esas casas fueron expoliadas y reconvertidas en hogares para colonos judíos, mientras que otras fueron destruidas para la creación de asentamientos colonos.

Israel levantó sus cimientos en un clima de destrucción e injusticia, entre los escombros de las casas derruidas que siguen al actual gobierno del conservador Netanyahu, quien continúa atacando al pueblo que en 1948 fue expulsado de sus hogares. La que se reivindica como única democracia de Oriente Medio es en realidad un estado corrupto, inestable y culpable de los crímenes que se llevan cometiendo desde la Nakba.

A consecuencia de los ataques y la violencia de finales de los años 40 del pasado siglo, los palestinos que no fueron enviados a campos de refugiados huyeron a países fronterizos o a puntos del mundo muy alejados de su hogar, como América Latina, donde a día de hoy hay un nutrido grupo de descendientes de aquellos primeros refugiados palestinos. Chile sería el mejor de los ejemplos, donde incluso su gastronomía está impregnada por esa huella que los palestinos dejaron a su llegada.

Pero tanto los palestinos que se quedaron en lo que ahora se conoce como Territorios Ocupados como aquellos que viven en países del extranjero, tienen algo en común: conservan la llave de sus casas. Ellos, al igual que los sefardíes en 1492, también pensaban que algún día podrían volver a abrir las puertas de sus hogares, pero se habían equivocado.

Los palestinos luchan por el derecho al retorno, por el derecho a la dignidad, a la libertad y a la humanidad, que se ven atacadas a diario por parte de esa mano férrea que encarna Israel con sus tanques, bombas aéreas y el enorme muro de hormigón que no permite circular con libertad a los palestinos que escaparon. Mano de hierro con dedos por los que circula sangre estadounidense, pues los ataques continuos al pueblo palestino no serían posibles sin la ayuda económica y militar -tanto privada como pública-procedente de ese país en el que al parecer todo sueño se cumple. ¿También es posible que una Palestina se haga realidad según el discurso onírico de yankilandia?

Los palestinos desde entonces han sido señalados con el dedo y se les ha acusado de ser terroristas y poner en peligro la seguridad del Estado de Israel, pero quien realmente lleva a cabo una política del terror son los mismos que en su día provocaron la expulsión de todo un pueblo y el expolio de sus casas. El conflicto palestino-israelí que se remonta a 1948 no puede reducirse una simple narrativa entre “dos bandas”, pues no existe simetría alguna entre Palestina e Israel.

El pueblo palestino ha sido invadido, desposeído de sus casas, ocupado, bloqueado, oprimido y segregado. Un pueblo que se aferra a su única posesión: la llave de la dignidad, la llave de la libertad, la llave de la memoria. Pasaporte del retorno y de la recuperación de los derechos que le fueron expoliados con sus casas.

“Esas llaves no son nostalgia, no puede ser nostalgia, la nostalgia es algo bonito. No puede ser la nostalgia la tragedia, esto es memoria” Mohamed Safa

 

La historia se repite, su historia no es tan diferente… Aunque hay una que sí se puede reescribir, la del pueblo palestino. 

España, 1492 Palestina, 1948
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