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“Allí donde alguien lucha por su dignidad, por la igualdad, por ser libre, mírale a los ojos” Bruce Springsteen


“Como un día me pilles enfadada te voy a mandar a patadas de vuelta a tu país”. 12:30 en el tren de cercanías Aeropuerto del Prat-Barna Sants. Me quedé de piedra. En el asiento de al lado, dándome las espaldas, había una chica española de más o menos unos 25 años que al ver pasar al músico rumano se quitó los cascos y le gritó en la cara con desprecio. Me estremecí y sentí verdadero asco e impotencia, pero no supe reaccionar. En ese momento me habría gustado haberle plantado cara y haber defendido al hombre, haber hablado por él y darle una lección de educación y humanidad a la chica que no puso reparo en atacarlo. ¿Por qué no lo hice? No creo que hubiese sido por haber entrado en estado de shock, quizás el miedo a un enfrentamiento violento con ella y a que pudiese llegar a ponerme la mano encima. Una no sabe cómo puede llegar a reaccionar la gente en situaciones de ese tipo y menos una persona a la que no conoces de nada y de la cual lo único que sabes es que es una racista maleducada.

IMG_20141001_003955Triste excusa la mía… Se me partió el alma al escuchar la respuesta del rumano “Perdón”. Acto seguido siguió avanzando por el vagón con el vaso de papel en la mano, aunque prefirió no seguir pidiendo tras su actuación en el tren tocando la trompeta. No podía dejar de mirarlo, al fondo del tren, con su camiseta azul, destacando entre el resto de la gente. Quedaba una parada para bajarme pero lo único en lo que podía pensar era en decirle lo mucho que me gustaba escucharlo en el tren, lo alegre que me había hecho en el mes de octubre cuando también fui a Barcelona al médico y lo feliz que me había vuelto a hacer. Pero el señor británico que tenía al lado me acercó el mapa de la ciudad para preguntarme dónde debía bajarse para ir a la Sagrada Familia. Perdí unos valiosos segundo intentando descifrar las paradas de Rodalíes y metro y cuando me di cuenta ya me tocaba bajar. Caminé todo lo rápido que puede por el andén intentando buscar esa camiseta azul tanto fuera como dentro del vagón, pero ya no estaba. Había desaparecido y yo había perdido la oportunidad de enmendar mi error. Nadie, absolutamente nadie lo había defendido… Si me había dado asco esa frase de la chica aquella, más asco me daba mi actitud.

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Entiendo que haya personas a las que le pongan nerviosas los músicos que se suben a los vagones del tren o que tocan en los pasillos del metro, es totalmente respetable. He de decir que yo soy todo lo opuesto a esa gente, me fascinan los trayectos en metro o entren con música de fondo. Aunque vaya con los cascos puestos, automáticamente me los quito para saborear las notas de un violín, una guitarra o una trompeta. Era una de las cosas que más me gustaba de París, tener un día no muy bueno y que un músico inesperado dibujase una sonrisa en mi cara. Me sentía liberada, como si la melodía tuviese la capacidad de liberarme de parte del peso que me incomodaba. Cinco meses casi en la capital francesa y nunca me cansé de escuchar al mismo guitarrista que me deleitó con su propia versión de “Aicha” después de un largo día de universidad en Clignancourt. O el señor de sombrero negro que tantas veces tocó el clarinete en Charles de Gaule Étoile, esa banda sonora de “La lista de Schlinder” que me enamora…

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También entiendo que haya gente que se indigne ante la presencia de algunos de estos músicos porque no cotizan. Conste que el caso de París es diferente y está regularizado. La mayor parte de músicos llevan identificación y tienen permisos del ayuntamiento de París para tocar. Solo unos pocos afortunados tienen la suerte de contar con el visto bueno de la Mairie. No era el caso del músico rumano que tocaba “Oh When The Saints Go Marching In”, pero ese desde luego no es motivo para atacar a alguien de ese modo. Cuántas personas no cobran en negro en nuestro país… Tanto españoles como extranjeros que vinieron a España a ganarse la vida. Por mucho que nos indigne el dinero en B tenemos que ser personas y humanos, tratar con respeto al prójimo y no caer en el racismo que por desgracia continúa siendo una realidad.


  • Fotografía de portada tomada en un tren Estocolmo-Dalarna (Suecia, junio de 2015)
  • Fotografías de músicos tomadas en París (entre septiembre de 2014 y enero de 2015)
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