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“En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle” Mahatma Gandhi


Recuerdo aquella mañana del 29 de junio como si no hubiesen pasado ya varios meses desde entonces. Me había despertado temprano para ir a Vigo a comer con mis amigas de la carrera y reencontrarme con una compañera recién llegada del Erasmus a la que hacía más de un año que no veía. Una mañana que cambió de rumbo tan pronto como al encender el ordenador descubrí la noticia del día: el ejército israelí había interceptado la Flotilla en aguas cercanas a la Franja de Gaza de madrugada.

Mi buzón del correo electrónico comenzó a llenarse de mensajes del BDS-Galiza, que se estaba movilizando con intención de llevar a cabo concentraciones a lo largo y ancho de la geografía gallega. Congregar al máximo número de personas en pueblos y ciudades para reclamar la puesta en libertad de los miembros de la Flotilla Rumbo a Gaza. Se unieron a las manifestaciones partidos políticos como el BNG, del cual forma parte Ana Miranda, eurodiputada que se dirigía a la Franja de Gaza con el resto de activistas secuestrados. Correos, llamadas de teléfono, Facebook en actualización constante para estar al tanto de las noticias de última hora… La gente tenía que saber lo que había pasado, era importante dar voz a los activistas y a través de los hechos acaecidos a 150 millas de Gaza, denunciar la situación en la Franja y en el resto de Territorios Ocupados.

Aprovechando que estaba en Vigo fui a la concentración que tuvo lugar por la tarde e inevitablemente no pude evitar fijarme en dos chicos que estaban de pie en las escaleras del MARCO junto con otros manifestantes que portaban banderas palestinas. Uno de ellos me sonaba, pero no conseguía recordar dónde lo había visto antes (si es que ya me había cruzado con él alguna otra vez).

Ya en la estación para coger el tren de vuelta a Santiago, me di cuenta de que los dos chicos que esperaban sentados en la cafetería eran los mismos a los que había visto en la manifestación media hora antes. Estuve a punto de acercarme a ellos y preguntarles si eran de origen palestino, pero como tantas otras veces, me pudo más la timidez que las  ganas de saber. El destino quiso que nos volviésemos a encontrar y es que se dio la casualidad de que no solo íbamos en el mismo tren, sino que les había tocado en los asientos de al lado.

“¿Tú estabas en la manifestación, verdad?”. Y así fue como empezó una conversación que duró hasta que se bajaron en Vilagarcía de Arousa. Supongo que o bien se acordaban de haberme visto en Príncipe o que asociaron que había estado allí porque llevaba una bandera de Palestina en la mano pero sea como fuere, tuve la gran suerte de conocer a dos saharauis. Hablamos de la Flotilla, del BDS, de los Veranos de Paz que cada año se organizan para traer a niños del Sáhara a pasar unos meses en España, de literatura, de filosofía… Uno de los chicos -el más hablador y el que había iniciado la conversación- era nada más y nada menos que hijo de la coordinadora saharaui en Galicia del programa de acogida de niños saharauis. A su madre, que había estado también en la manifestación, la conocía de cuando acogí durante un verano a Shalka, una niña saharaui de Tinduf. Otra nueva casualidad de las que no dejan de sorprenderte.

Pero, ¿quién era el joven más callado?, ¿quién era el chico aquel que tanto me sonaba pero al que no sabía poner nombre? Era nada más y nada menos que Hassanna Aalia, activista saharaui que lleva cuatro años solicitando que España -desde enero de 2011- pero el gobierno le denegó el asilo en 19 de enero de 2015. “Es muy triste y me duele mucho que no te den el asilo político en un país europeo como España que aún sigue siendo la potencia administradora del Sáhara. El tribunal militar me condenó sin presentar ni una sola prueba”, un juicio que según él no tuvo ninguna garantía tal y como también han denunciado Amnistía Internacional y Human Rights Watch”.

El miércoles 7 de octubre Hassanna fue detenido por la policía en Burgos. Agentes vestidos de paisano le entregaron una orden de expulsión de 48 horas al activista acusado de estancia ilegal en territorio español y condenado a cadena perpetua en Marruecos por su participación en una protesta pacífica en un campamento cercano al Aiún (Protestas por la Dignidad).

Hassana Aalia no es un delincuente, es un activista que lucha por los derechos humanos de su tierra, de un Sáhara que pide a gritos su libertad -reconocida por la ONU pero que continúa siendo una utopía para los miles de refugiados que viven en campos como el del Aiún o Tinduf, sometidos a todo tipo de violaciones de los derechos humanos por parte de Marruecos.

La actitud del Ministerio de Interior de nuestro país es la de dar las espaldas a aquellos que defienden las causas justas y condenarlos a lanzarse a un mar de tiburones de los que no poder defenderse. Nuestro gobierno parece haber olvidado la importancia de la dignidad y el saber hacer justicia es sin duda alguna una de las asignaturas pendientes de nuestros representantes. Es más factible establecer vínculos cada vez más estrechos con un dictador y un tirano que proteger a personas que piden asilo político en España porque no tienen otra opción para escapar de la tortura.

El gobierno de Rajoy, mientras tanto, premia a personajes como el ministro de Interior marroquí Mohamed Hassad con la Gran Cruz al Orden del Mérito Civil -condecoración que se entrega por haber prestado servicios a España- sin explicar el por qué. Hassad, máximo responsable de las fuerzas y cuerpos de seguridad en Marruecos, ha recibido numerosas críticas de de diversas ONGs y del Comité Europeo por la violencia contra presos, disidentes políticos e inmigrantes en la frontera española y por la persecución y acoso hacia los refugiados subsaharianos. Las buenas relaciones diplomáticas y ese amiguismo para luchar “en equipo” contra el terrorismo, el narcotráfico o la inmigración, no so compatibles con un gobierno partícipe en la vulneración de los derechos humanos o la restricción de la libertad de expresión o reunión.

Yo desde luego no quiero se cómplice de esos lazos con nuestro país vecino y sí valoro, respeto y defiendo el derecho a la dignidad y a la justicia.

Ministro del Interior del Gobierno de España: Concesión de asilo político para Hassanna Aalia. (Firma la petición)

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