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Muchas personas se acordarán de un histórico 26 de junio en el que el gobierno estadounidense dio luz verde a una ley que por fin reconoce el matrimonio homosexual en absolutamente todos los estados del país norteamericano. El derecho a por fin poder amar en libertad y con libertad tanto dentro como fuera del altar. España, afortunadamente, también es uno de esos países en los que tanto gays, lesbianas, bisexuales o heterosexuales pueden dar un sí quiero con reconocimiento legal (mucho antes de la decisión del equipo de Obama y oposición).

Con todo, bien es sabido que pese a que la legislación por fin vaya reconociendo poco a poco los derechos de los diferentes grupos que conforman una sociedad de una amplia gama de colores, la homofobia sigue estando presente en todo el mundo. En algunos países en los que ser gay, lesbiana, bisexual o trans está de por sí prohibido, la posibilidad de llegar a casarse con la persona a la que no te permiten amar es más que una utopía. Condenas de muerte, prisión de por vida, estar en la cárcel hasta 14 años… Lugares en los que también se prohíbe la propaganda a favor de los derechos sexuales y la libertad de expresión por tanto es un sueño por el que muchas personas luchan poniendo sus vidas en peligro.

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Podríamos pararnos a estudiar la magnitud de la homofobia y su impacto en cada uno de los países del mundo, vinculándolo también a las leyes vigentes –o propuestas de los gobiernos– tanto protegiendo como atacando al colectivo LGBTI, pero uno de los países de los que quizás más se haya hablado en los últimos meses sea Rusia. Antigua gran potencia y rival histórica de Estados Unidos. Si bien durante la Guerra Fría capitalismo y comunismo eran los hilos que rodeaban ese muro de hormigón armado que dividía al mundo en dos esferas marcadamente diferentes, hoy en día esos mismos hilos del pasado adquirieron nuevos colores. Mientras los estadounidenses son cada vez más alternativos, con colores a imagen y semejanza del arco iris que sale después de cada tormenta de verano, el tejido ruso ofrece su mejilla más oscura. Está claro que Estados Unidos no se libra de las sombras pese al haz de luz que iluminó el suelo yanki hace ya casi un mes, pero en el caso de Rusia, esa gran capa de niebla espesa con aspecto de chapapote, cubre instituciones, calles y habitantes.

Las cazas de gays son bastante habituales en ciudades como Moscú y otros pueblos repartidos por la geografía rusa. Tristemente, hay rusos y rusas que crean perfiles falsos en redes sociales para homosexuales con el objetivo de conseguir quedar con un gay o una lesbiana y así “darles su merecido”. Se dedican pues a tenderles trampas a personas que de igual modo que los heterosexuales, usan ese tipo de redes y aplicaciones para conocer gente con la cual forjar una relación de amistad o mantener relaciones sexuales. Las supuestas citas acordadas se tratan en realidad de escenarios de vejaciones y humillación que en la mayoría de las ocasiones llegan a la violencia, muchas veces grabada con móviles para hacer pública la tendencia sexual de la víctima y que así pierda su trabajo o sufra el acoso de vecinos y conocidos también homófobos. Ser homosexual en Rusia es un tabú para muchas personas que tienen miedo a que sus vidas corran peligro si no lo mantienen en secreto.

En Rusia existen plataformas de los llamados “safaris” o “cacerías de homosexuales”, en las que se comparten todo tipo de vídeos y datos personales de algunos de los cazados. Este tipo de prácticas son cada vez más frecuentes en un país en el que la propaganda por la libertad del colectivo LGBTI está prohibida, pues se les tacha de pederastas que deben ser perseguidos y castigados. Discurso que se le vende a una población que se encarga del trabajo sucio tomándose la justicia por su mano alienados por la homofobia.

En tierras de Putin, donde la educación igualitaria e inclusiva es inexistente, que dos personas del mismo sexo vayan de la mano por la calle puede convertirse en un auténtico reto. Desde miradas a insultos de menor y mayor gravedad a situaciones violentas en las que es muy poco probable que alguien se digne a socorrer a la víctima. Solo los heterosexuales son dignos de amar libremente y mostrarlo al mundo sin temor.

“Lo que vetamos es la propaganda de la homosexualidad y la pederastia. Quiero subrayarlo: la propaganda entre los menores de edad. Prohibir cierto tipo de relaciones y prohibir la propaganda de estas relaciones son cosas absolutamente distintas (…). Tenemos nuestras propias tradiciones, nuestra cultura, mostramos respeto a todos nuestros socios y pedimos que nuestras tradiciones y nuestra cultura también sean respetadas” declaró Vladimir Putin en su día a raíz del intento de boicot de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014.

¿Por qué optar por el camino del odio y no del amor y la aceptación del prójimo? El odio solo genera más odio y corrompe a la sociedad. ¿Acaso no es sangrante que ataquemos a quienes en realidad no dejan de ser nuestros hermanos pese a no existir vínculo de sangre? Todos y todas formamos parte de una gran familia: la Humanidad. Aunque esas personas que se dedican a atacar, humillar, matar, aniquilar, esas, no son dignas de llamarse humanas, esas son las verdaderas personas que portan una enfermedad que sí hay que erradicar. Lo natural es la homosexualidad, no la homofobia.

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