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“Ya no somos de ningún sitio”, Un franco catorce pesetas


compostela5Suena de fondo una gaita que escuché conforme iba dejando la Plaza de Cervantes atrás y Azabachería me acercaba un poco más a ese arco convertido en entrada a un Obradoiro que, pese a haber pisado tantas veces, parecía estar viendo por primera vez. Evoco mi llegada a Santiago con la morriña propia del alma gallega que llevo impresa en la piel, mientras que las notas a las que el fol da vida me hacen recordar cada uno de los kilómetros durante una semana de emociones que han dejado huella. Con cada nuevo camino que hacemos nuestra esencia de caminantes persiguiendo flechas -ahora amarillas-, cambia, del mismo modo que las nubes se amoldan al viento que las empuja hacia nuevos horizontes.

compsotela4Compostela es la meta final para muchos de los peregrinos que desconocen que el final está en realidad en tierras de Costa da Morte, allá donde ya los romanos habían marcado en su mapa el fin del mundo. Finisterre, villa donde en la Edad Media los caminantes quemaban sus ropas y calzado tras finalizar su última etapa como discípulos del Apóstol Santiago. Allí donde la niebla es a veces tan espesa que llega a engullir el faro que alerta a los barcos de la presencia de acantilados abruptos donde muchos navíos se hundieron en las entrañas de un mar traicionero. Un Mediterráneo palestino desde donde zarpó el barco con los restos del apóstol transformado en un Atlántico de grises y azules en el país de los misticismos.

compostela6Algún día tomaré ejemplo de aquellos valientes que atravesaban la cartografía española desde tierras lejanas de una Europa románica en potencia y repetiré camino con Finisterre como destino. Aunque con todo, por mucho que el Camino tenga como kilómetro cero el corazón de la plaza de la fachada barroca de Fernando de Casas Novoa y Finisterre como lugar de reencuentro con presente y pasado, en realidad no tiene un final real. Caminante es aquel que continúa su camino pese a no recorrer caminos pedregosos o pistas de asfalto con conchas amarillas marcando la dirección. Caminante es aquel peregrino que deja huella en el suelo que pisa entre los castaños y robles que conforman el paisaje del camino a su paso por Galicia y que el mismo tiempo porta la marca que el propio Camino ha dejado en su bastón.

compostela4El Camino nunca nos abandona. Ahora que vuelvo a estar en casa echo de menos esos despertares tempranos para evitar pasar demasiadas horas bajo el sol abrasador hasta el siguiente pueblo en el que sellar la compostelana. Añoro el rumor del agua de los riachuelos que me encontré mientras caminaba y el sonido de las hojas de los árboles moviéndose al compás de una brisa apenas imperceptible que convertía los convertía en una especie de atrapasueños musicales. Me gustaría girar hacia atrás las agujas del reloj y transportarme a una de las páginas ya arrancadas de mi calendario para revivir esas largas conversaciones con la mochila a la espalda. Parece que entre las cuatro paredes de mi cuarto se puede escuchar todavía el “¡coche!”, con el acto reflejo de apartarse hacia la izquierda. Tantas anécdotas que ahora ya forman parte de un gran petate de recuerdos, tantas personas que fueron dibujando los trazos de los senderos que íbamos recorriendo a veces más rápido y otras más lento. Algunos caminantes padeciendo el dolor de un esguince, ampollas, músculos tensos… Y el “no puedo” fruto de una mente traicionera que nos debilita pese a nuestra fuerza física más que subestimada. El problema es la obsesión por llegar cuando lo verdaderamente hermoso es el proceso de llegada, el kilometraje a nuestras espaldas y cada nuevo paso acompañado de sorpresas y momentos inolvidables que acompaña al peregrino en su aterrizaje en Santiago. Nos obcecamos con la línea recta ilusoria que marca el principio y el final en lugar de aceptar la belleza de las curvas.

compostela3Pero lo que sin duda hace del Camino una aventura completamente mágica y única es su naturaleza cambiante. Una ruta que en tinta negra es siempre la misma sobre papel pero cuyos engranajes cambian con cada caminante que tendrá la sensación de estar recorriendo un sendero por donde nunca antes había pasado. Porque las personas a las que conocemos son las que conforman ese Camino de Santiago, peregrinos con los que compartimos ruta de senderismo y nosotros mismos, con nuestro bagaje de pensamientos y de visiones cambiantes en cada momento de nuestra vida. Al fin y al cabo somos fruto de las circunstancias; del camino del que nos alejamos y de aquel al que nos acercamos; pasado, presente y futuro. Somos lo que hemos vivido y aquello que soñamos vivir. Sin darnos cuenta somos creadores y artistas de ese periplo hacia Compostela que es en realidad un reencuentro con nosotros mismos en un mundo en el que no somos de un único lugar sino de todos aquellos en los que estuvimos.

compostela1Creía ser compostelana con el corazón dividido entre mi Brión de acogida y mi Rianxo ancestral, pero ese Santiago que creía conocer tan bien se mostró ante mí con un rostro completamente diferente. Cuando Azabachería me recibió con el susurro de su habitual gaita, no pude evitar derramar alguna que otra lágrima. Sentí un pequeño vuelco en un corazón emocionado al ver brillar Berenguela bajo el sol de principios de verano. Todavía saboreo ese gran abrazo de unos brazos invisibles del Obradoiro que pude sentir rodeando mi cuerpo mientras contemplaba el cielo santiagués en el que hace mucho, mucho tiempo, una estrella iluminó un campo abandonado en el que según cuentan, descansaba el Apóstol Santiago.

Sin embargo, por mucho que el punteiro de madera de la gaita me permita volver al pasado a través de la música, para revivir ese Santiago no me queda otra que seguir andando y dejarme llevar por el viento que me transportó a Sarria hace unas semanas. Porque como ya decía Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar” sin olvidarnos, eso sí, de una pregunta fundamental que muchas veces ignoramos por las prisas en llegar y ver que el contador de kilómetros va acortando distancias.

¿Por qué camina el peregrino? ¿Camina en círculos o conoce su objetivo? ¿Está de paso en el mundo y hará historia en su tiempo, o dejará huella eterna?

Caminante, ¿por qué andar si no hay camino?



Fotografía: Ana Souto Villanustre

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