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Parc de Toulleries. Paris

Parc de Toulleries. Paris

“Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor” Antoine de Saint-Exupery


Mucha gente se pasa toda su vida intentando encontrar al amor de su vida, olvidando para empezar que el amor no se busca, sino que aparece en el momento menos inesperado y al mismo tiempo, cayendo en el error de buscar algo que de por sí no existe.

Y es que no existe un único amor, el concepto “amor de una vida” no es real, sino “el amor de una etapa de la vida”. Cada relación, cada nuevo amor, cada nueva llama con su vela finalmente consumida, marca un nuevo camino en nuestras vidas, quizás más o menos largo, pero una etapa al fin y al cabo, con sus más y sus menos. 

Parc de Toulleries. Paris1

Parc de Toulleries. Paris

De igual modo que amigos y amigas no solo hay uno y que mejores amigos -aunque menos- sí forman parte como mínimo de los cinco dedos de una mano, amores que dejan huella no solo existe uno. Las circunstancias de cada etapa de la vida y nuestra propia esencia en ese momento, son determinantes en cualquier tipo de relación que surja, ya sea de amistad o de algo más. Toda etapa tiene un principio y un final (a veces abierto), al igual que los amores que nacen entre los adoquines del sendero que en ese momento nos toca recorrer.

Desde mi punto de vista nos confundimos al escapar de cada etapa una vez que finaliza y focalizar el resto de nuestra caminata en por fin encontrar ese supuesto amor para toda la vida que nunca acabará. Damos la espalda a esas personas que formaron parte de un pedacito de nuestras vidas e intentamos borrarlas, enterrar su recuerdo y comenzar de cero, volcando todas nuestras fuerzas a partir de entonces en perseguir una ilusión, un espejismo.

Sacré Coeur. Montmartre. Paris

Sacré Coeur. Montmartre. Paris

Está claro que el amor es también muchas veces sinónimo de dolor, pero toda herida acaba curando y tarde o temprano cicatrizará, quedando en la piel una huella que tal vez se acabe esfumando por completo. Pero el amor también es sinónimo de energía, de vida, de felicidad, de fuerza, de confianza y lo más importante cuando es sano, de amistad. Es evidente que a veces es inevitable no querer huir corriendo de una etapa que se vuelve en nuestra contra, pero una vez que el tiempo lo cura, no tiene nada de malo mirar hacia el pasado y sonreír por las cosas buenas que nos aportó. Y eso es con lo que nos tenemos que quedar, con la parte bonita del mientras duró.

Trocadéro. Paris

Trocadéro. Paris

Si algo sabio he aprendido gracias a la que es a día de hoy una hermana para mí, es que no existe “mejor” o “peor”, sino cosas diferentes -en este caso amores únicos, irrepetibles e inigualables. Habrá relaciones tóxicas en alguna etapa de la vida de una persona, habrá destellos propios de los 18 fotogramas de una escena de Hollywood o quizás un noviazgo fugaz que capaz de cambiar la noción del tiempo, pero de cada momento, de cada fragmento de nuestras vidas, aprendemos. Cada camino es una lección por descubrir y redescubrirnos, el puente hacia los brazos de una nueva pareja o hacia una etapa de soledad e introspección, porque amor también es el reencuentro con uno mismo.

Perdemos el tiempo lamentándonos y llorando sobre mojado o simplemente buscando a alguien que no existe una vez que las lágrimas se han secado, empeñándonos en comparar cada etapa previa con la que le sigue y la que está por venir pero que sin embargo no podemos controlar. Olvidamos amar una vida de amor en la que no existe el amor de una vida, pues amores hay tantos como etapas en nuestras vidas.



Fotografías: Ana Souto Villanustre

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