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La literatura es un arte y al igual que la pintura o la escultura, responde a la realidad social del momento, reflejada en las páginas de las obras literarias. Es por ello que a través de una obra, ya sea una pieza teatral, una novela, o un ensayo, podemos conocer de cerca la realidad económica, social e histórica de la época en la que fue escrita. Si bien es cierto, hay obras que están ambientadas en épocas o eventos pasados (o incluso futuros), por lo que los patrones sociales se ajustarán a los de la etapa histórica en la que transcurren los hechos.

Ese es el caso de Hamlet, obra que analizaré en este artículo. A pesar de haber sido escrita por Shakespeare a finales del siglo XVI, los hechos transcurren en la Edad Media, aunque es innegable que en los soliloquios de los personajes se reflejan ciertos rasgos de la vida en la época isabelina, como la relación entre hombres y mujeres y el papel de la mujer directamente vinculado a la vida matrimonial o religiosa (matrimonio o convento).


Literatura y lenguaje, víctimas de la sociedad patriarcal

A lo largo de la historia la mujer ha sido víctima de una sociedad patriarcal y machista, en la que el hombre, por definición, era superior a la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada. Los varones ejercían un control directo sobre la mujer, quien tenía como única función prepararse para el matrimonio, engendrar hijos y encargarse de su cuidado y de las tareas del hogar. Esta situación se refleja en la literatura si analizamos los papeles de cada personaje en función de su género, así como las relaciones entre los personajes.

El machismo y la misoginia también se plasman en el lenguaje empleado por los personajes, pues no podemos ignorar el hecho de que el lenguaje, vía de comunicación, representa la esencia de la sociedad al igual que la literatura. En el caso de la obra que analizaré en este trabajo, los soliloquios de Hamlet destilan odio hacia su madre, un odio extrapolado al resto de mujeres y a la propia Ofelia, mujer a la que en otro tiempo había amado y con la que soñaba casarse.

A pesar de que voy a analizar el lenguaje y el género en una obra del siglo XVI, hoy en día todavía se utiliza un lenguaje marcadamente sexista tanto en la lengua oral como en la lengua escrita. No deja de ser reflejo de la sociedad en la que vivimos, que todavía conserva trazos machistas muy marcados de la sociedad patriarcal en la que todavía seguimos ancladas y anclados. Sin embargo, hoy día, desde el colectivo feminista, se aboga por un lenguaje inclusivo. Todavía queda un largo camino por recorrer, pues para poder hablar de una transformación real y efectiva del lenguaje, primero es necesario el saneamiento de la sociedad. Para ello es fundamental empezar desde la base, desde la educación recibida en las escuelas y en casa (al fin y al cabo, las niñas y los niños imitan lo que ven en sus hogares y en el mundo que les rodea, ya sea situaciones del día a día, en el colegio o las proyectadas por el televisor, que ejerce una gran influencia sobre las pequeñas y pequeños).

En este artículo analizaré el lenguaje en Hamlet desde la perspectiva de las relaciones entre los personajes atendiendo a su género. Para ello he elegido fragmentos de la obra shakespeariana en los que Hamlet se dirige a Ofelia. Para una mejor comprensión del contenido de los fragmentos que he elegido y su relación con la trama de la obra, el trabajo incluye varias secciones de contextualización en las que aporto datos sobre el papel de la mujer en la época isabelina, los principales rasgos del teatro del siglo XVI, un resumen de Hamlet haciendo referencia a los temas más relevantes y el papel de Ofelia.


La mujer isabelina

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Retrato de la reina Isabel I de Inglaterra

Los libros de historia nos presentan a la reina Isabel I como una líder formidable e inteligente. Sin embargo, la reina era una excepción, ya que las mujeres en la época de Shakespeare estaban subordinadas a los hombres y tenían libertades muy limitadas. Los hombres controlaban todos los aspectos de sus vidas e incluso el mundo del teatro les estaba vetado, por lo que los papeles femeninos eran interpretados por actores varones.

En la etapa isabelina, además de no poder trabajar como actrices, las mujeres tampoco podían ir a la universidad. Solo un reducido número de mujeres –pertenecientes a familias nobles- recibían una educación básica en su respectivas casas. Estas mujeres de clase alta recibían clases de latín, francés, italiano y griego, así como tiro con arco, equitación y música.

La educación no era algo que las mujeres fuesen a necesitar en su vida adulta, pues su único destino desde que nacían era casarse, tener hijos y someterse a sus maridos, a quienes debían obedecer. Los matrimonios estaban concertados y cada mujer estaba obligada a llevar una dote, que podía consistir en dinero o bienes y propiedades. La boda, por lo tanto, no implicaba amor entre los dos cónyuges, sino que se trataba más bien de una “transacción de negocios” acordada previamente por las dos familias implicadas.

Las mujeres solteras no estaban bien consideradas a nivel social y podían llegar a ser acusadas de brujería. Aquellas mujeres que no se casaban y pertenecían a una clase social baja trabajaban en el servicio doméstico o se dedicaban a la vida religiosa en un convento.

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Escena de la película “Shakespeare in love”

Además del control que los hombres ejercían sobre las mujeres (primero el padre y después el marido), también existían leyes que marcaban la forma en la que una mujer debía ir vestida y acicalada. Las mujeres de clase alta no solo seguían las pautas establecidas por la ley, sino que también tomaban medidas extremas para ajustarse a los ideales de belleza de la época: maquillaje blanco a base de plomo para reducir la palidez natural de la piel, utilizar corsés muy apretados… Algunas de estas prácticas podían causarles graves problemas de salud, pues se trataba de ropa incómoda que les impedía respirar bien.


El teatro en el siglo XVI

El teatro pasa a ser uno de los principales géneros en las literaturas europeas a partir del siglo XVI. Este teatro es el resultado de la fusión de tendencias populares y cultas cuyos antecedentes están en la Edad Media y en el siglo XV.

En el siglo XVI el teatro pasa a ser un espectáculo de masas y en sus textos reproduce la vida, los sentimientos y las situaciones de las gentes, por lo que las piezas teatrales son un buen reflejo de la realidad social de la época. Debido a la popularidad del género dramático, los poderes se ven obligados a reglamentar las representaciones para controlar su moralidad. Esto explica por qué hombres y mujeres estaban separados en las representaciones teatrales y por qué el teatro les estaba vetado a las mujeres, como ya hemos visto.

Los textos teatrales también se regían por una serie de reglas. Ciertos autores defendían seguir los modelos clásicos grecolatinos, sometiendo las obras teatrales a la regla de las tres unidades (tiempo, lugar y acción). Esto provocó el surgimiento de dos tendencias diferentes:

  • El respeto de las unidades en el teatro francés del siglo XVII
  • La ruptura de la regla de las tres unidades en el teatro inglés y español

shakEn Inglaterra, durante el reinado de Isabel I, surge un teatro que funde la tradición popular con la culta, gozando del apoyo de la monarquía. El espectáculo teatral se caracterizaba por los siguientes rasgos:

  • La representación teatral tenía lugar en edificios que recordaban la forma poligonal de los patios de las posadas utilizados en las representaciones populares anteriores.
  • Las representaciones comenzaban a primeras horas de la tarde y se extendían hasta el anochecer.
  • Las compañías estaban integradas únicamente por hombres, ya que la ley inglesa prohibía a la mujer trabajar como actriz por considerarlo inmoral.
  • Las obras se adscribían a tres subgéneros: la tragedia, la comedia de enredo y el drama histórico de asunto medieval inglés.

“El caso más fiel de esta reinvención del teatro se encuentra en Hamlet, drama que agrupa grandes dicotomías humanas como venganza y justicia; razón y locura; fidelidad y traición; muerte y destino, entre muchas otras que realzan la naturaleza imperfecta del hombre. Otro tema muy recurrente y pocas veces detallado es el papel de la mujer dentro de la obra”[1].

El autor por antonomasia del teatro isabelino es William Shakespeare. No innovó técnicamente las formas del teatro vigente, sino que se acomodó a ellas y al gusto del público. Tampoco los temas de muchas de sus obras son originales, pues los tomó de las crónicas medievales, de relatos italianos o de otros dramas anteriores. Pero su universalidad reside en la complejidad de sus personajes. Muchos de ellos han quedado como la encarnación de emociones universales: Othelo, los celos; Hamlet, la duda; Romeo y Julieta, el amor prohibido. Además, su teatro está lleno de frases y expresiones individuales: “Ser o no ser, esta es la cuestión” (III acto, Escena I; Hamlet) o “Soy el juego del destino” (Romeo; Romeo y Julieta).

También pertenece a esta etapa del teatro isabelino Cristopher Marlowe. En sus piezas predomina la utilización del verso blanco, que consiste en la alternancia de sílabas átonas y tónicas y la ausencia de rima. Su obra más conocida es La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto.

Tras la época de Shakespeare, la escena continuó su desarrollo durante algún tiempo. Con todo, las circunstancias políticas del país motivaron sucesivos cierres de teatro, hasta que el espectáculo teatral se prohibió en 1660.


Hamlet

Ante la falta de manuscritos hológrafos, se desconoce la fecha exacta en la que Shakespeare escribió Hamlet, por lo que los teóricos establecen que esta pieza teatral salió a la luz entre el 1599 y 1601.

La tragedia, situada en Dinamarca, trata de los acontecimientos posteriores al asesinato del rey Hamlet (padre del príncipe Hamlet), a manos de su propio hermano Claudio. Eñ fantasma del rey pido a su hijo que se vengue del hombre que le quitó la vida con el objetivo de coronarse como nuevo monarca y casarse con Gertrudis.

En esta obra aparacen temas tales como la locura real (encarnada por Ofelia, quien termina suicidándose) y fingida (reflejada en Hamlet); la traición (asesinato del rey Hamlet a manos de su hermano); la venganza (Hamlet debe vengar la muerte de su padre a manos de Claudio); la duda (vacilación de Hamlet para matar a su tío, influenciada por presiones de tipo filosófico y ético); y la corrupción moral.

Probablemente Shakespeare se basó en la leyenda de Amleth, preservada por el cronista danés del siglo XIII Saxo Grammaticus en su obra Gesta Danorum. En el siglo XVI sería retomada por el erudito francés François de Belleforest y de una obra teatral perdida, conocida en la actualidad como Ur-Hamlet.

Hamlet es la obra más larga de Shakespeare y se encuentra entre las tragedias más poderosas e influyentes de la literatura inglesa. Provee una historia capaz de “no tener final, ya que puede ser adaptada y vuelta a narrar por otros”[2].


El papel de Ofelia en Hamlet

Ofelia es la hija menor de Polonio, hermana de Laertes y futura esposa de Hamlet, príncipe de Dinamarca. La joven, a lo largo de la pieza teatral, se debate entre la obediencia a su padre y el amor que siente por Hamlet.

Si analizamos el lenguaje que emplea Hamlet cuando se dirige a Ofelia, podemos ser conscientes del maltrato al que está sometida y, al mismo tiempo, podemos extrapolar las expresiones utilizadas por Hamlet poniéndolas en relación con la visión que la sociedad tenía de la mujer. Ofelia es el reflejo de la situación a la que estaban sometidas las mujeres en su época.

Ofelia es una hija obediente que sigue las pautas marcadas por su padre en una etapa en la que las mujeres no tenían otra opción que obedecer al hombre (en este caso, la figura paterna). Cuando su padre le ordena dejar de ver a Hamlet, ella responde “Debo obedecer a mi lord”. Pero esta no es la única ocasión en la que Ofelia actúa según los deseos de su padre, pues incluso llega a espiar a Hamlet después de que Claudio se lo hubiese pedido a Polonio y este a su propia hija. Esto demuestra que como mujer no puede tomar sus propias decisiones, pues por encima siempre estará la figura masculina que la controla.

La joven Ofelia es reflejo de delicadeza, dulzura y lirismo. Es por excelencia el personaje puro (frente a tanta degradación); es la encarnación del amor (frente a los odios). Ofelia es el personaje femenino tan complejo como Hamlet. Ha suscitado apreciaciones opuestas en los estudios críticos: o bien como figura que representa el amor delicado y romántico, o bien como la imagen del amor calculador y sensual. Su locura –real, no fingida-  y su muerte, revelan un amor sincero, profundo y apasionado hacia Hamlet. 


Análisis y lenguaje

  • Ofelia y Hamlet

A través del análisis del discurso en Hamlet, podemos comprobar que las palabras del príncipe de Dinamarca están cargadas de estereotipos vinculados a la consideración que en la época se tenía de la mujer, caracterizada por aspectos como la belleza, la debilidad, la capacidad de engañar y engatusar a los hombres, etc.

A continuación aporto una selección de fragmentos de la obra teatral en los que se refleja la realidad de la sociedad patriarcal a través del lenguaje de los personajes, el cual analizaré en detalle.

HAMLET.- ¡Oh! ¡Oh! ¿Eres honesta?

OFELIA.- Señor…

HAMLET.- ¿Eres hermosa?

OFELIA.- ¿Qué pretendéis decir con eso?

HAMLET.- Que si eres honesta y hermosa, no debes consentir que tu honestidad trate con tu belleza.

OFELIA.- ¿Puede, acaso, tener la hermosura mejor compañera que la honestidad?

HAMLET.- Sin duda ninguna. El poder de la hermosura convertirá a la honestidad en una alcahueta, antes que la honestidad logre dar a la hermosura su semejanza. En otro tiempo se tenía esto por una paradoja; pero en la edad presente es cosa probada… Yo te quería antes, Ofelia.

OFELIA.- Así me lo dabais a entender.

Hamlet pone en duda la honestidad de Ofelia, reafirmando la idea de que las mujeres son calculadoras y mentirosas por naturaleza, capaces de engañar a los demás (y en especial a los hombres) para salir beneficiadas de una situación determinada, aprovechándose así de la otra persona implicada (en este caso Hamlet). Hamlet también defiende que las mujeres hacen uso de sus encantos y belleza para engatusar a los demás, llegando a afirmar que la hermosura de una mujer tiene la capacidad de transformar la honestidad en una alcahueta.

HAMLET.- Si te casas quiero darte esta maldición en dote. Aunque seas un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve; no podrás librarte de la calumnia. Vete a un convento. Adiós. Pero… escucha: si tienes necesidad de casarte, cásate con un tonto, porque los hombres avisados saben muy bien que vosotras los convertís en fieras… Al convento y pronto. Adiós.

Hamlet se dirige a Ofelia con agresividad y sus palabras destilan odio hacia la mujer que en otro tiempo amó. La describe como mujer casta y pura (como la nieve), características atribuidas en la época isabelina a toda mujer que se ajustaba a los cánones sociales de “buena mujer”. Sin embargo, hay un claro contraste entre estas dos cualidades y la capacidad de las mujeres de transformar a los hombres en auténticas fieras.

En esta intervención de Hamlet también se hace referencia a dos realidades sociales: el matrimonio (cuando menciona que, de verse en la necesidad de casarse lo haga con un tonto) y la vida religiosa (cuando le ordena que se vaya a un convento, alternativa para una mujer de la época que no optase por el matrimonio).

HAMLET.- He oído hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La naturaleza os dio una cara y vosotras os hacéis otra distinta. Con esos brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniñado, pasáis por inocentes y convertís en gracia vuestros defectos mismos.

Cuando Hamlet habla de afeites y embelecos, se refiere a los ungüentos, maquillaje, perfumes y otros productos de belleza que las mujeres utilizan para acicalarse, de ahí que afirme que las mujeres nacen con una cara y la transforman por medio de sus afeites. Indirectamente lo que Hamlet quiere transmitir a través de sus palabras es que las mujeres utilizan el maquillaje como artimaña para ser más atractivas a ojos de los hombres y poder hacer así más efectiva su capacidad de seducir y engatusar.

Además de mencionar el aspecto físico de las mujeres, también describe su forma de actuar y comportarse, describiendo a las mujeres como seres que basan su inocencia en una forma de hablar aniñada y en un andar lento, con pasos cortos. Estos rasgos “femeninos”, que Hamlet ve como los defectos de una mujer, destilan un marcado machismo, pues la mujer es vista como un ser débil e infantil.

HAMLET.- Mira, vete a un convento, ¿para qué te has de exponer a ser madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno; pero al considerar algunas cosas de que puedo acusarme, sería mejor que mi madre no me hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso; con más pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasía para darles forma, ni tiempo para llevarlos a ejecución.

En este soliloquio Hamlet insiste en la idea de que lo que Ofelia tiene que hacer es irse a un convento en lugar de casarse. El príncipe de Dinamarca está en contra del matrimonio después de haber descubierto que Claudio, su tío y nuevo marido de su madre, fue el asesino de su padre, antiguo rey de Dinamarca. Hamlet, incapaz de perdonar a su madre por lo que ha hecho, ve en el resto de mujeres la frialdad y personalidad de su madre, lo que le lleva a tratar tan mal a Ofelia y a llegar a decir “Flaqueza, te llamas mujer”, cita que refleja la misoginia del príncipe.

Se establece un contraste entre la vida religiosa (positiva) y la maternidad (negativa, en este caso), ligada directamente al matrimonio. Como ya hemos visto anteriormente, las dos opciones de una mujer eran casarse o pasarse el resto de su vida en un convento. En el caso de Ofelia, Hamlet descarta la primera, pues no quiere que Ofelia engendre hijos pecadores. No se trata de que Hamlet culpe a las mujeres de ser las que hagan germinar el pecado en sus hijos, sino que lo que Hamlet quiere evitar es que sus hijos se conviertan en el reflejo de su propio padre, atormentado después de la aparición del fantasma de su difunto padre.

La frase “¡Vete a un convento!”, sin embargo, se puede analizar desde otro punto de vista, pues podemos llegar a afirmar que se trata de una exclamación con doble sentido. Muchos estudiosos defienden que en este soliloquio Shakespeare ha optado por un lenguaje retórico. Pauline Kiernan sostiene que Shakespeare cambió para siempre el teatro inglés en Hamlet, ya que “mostró cómo el lenguaje de un personaje puede con frecuencia decir diversas cosas a la vez, y con sentidos contradictorios, reflejar pensamientos dispersos y sensaciones turbadas”. Cuando Hamlet le dice a Ofelia “Mira, vete a un convento”, se trata de una referencia simultánea a un lugar de castidad y a un prostíbulo según la jerga, reflejando los confusos sentimientos de Hamlet sobre la sexualidad femenina, influenciados por el comportamiento de su propia madre Gertrudis.

  • Ofelia y Polonio

Como hemos visto, en el trato de Hamlet hacia Ofelia se percibe la desigualdad entre hombres y mujeres imperante en la época. Sin embargo, Hamlet no es el único hombre que tacha a Ofelia de inferior.

A continuación analizaré el lenguaje utilizado por Polonio cuando este se dirige a Ofelia, palabras que también reflejan la visión masculina de la mujer.

POLONIO – ¡Amor! ¡ah! Tú hablas como una muchacha loquilla y sin experiencia de circunstancias tan peligrosas. ¡Ternura a llamas! ¿Y tú das crédito a esa ternura?

OFELIA – Yo, señor, ignoro lo que debo hacer.

POLONIO – En efecto es así. Piensa bien que eres una niña, que has recibido por verdadera paga esas ternuras que no son moneda corriente. Estímate en más a ti propia; pues si te aprecias en menos, de lo que vales harás que pierda el entendimiento.

En esta conversación entre Ofelia y su padre, este último le quita todo poder de decisión sobre sí misma y la ve como un simple objeto de mandatos. Ofelia, alienada por la sociedad en la que se ha criado, en cierto modo “acepta” la actitud de su padre e incluso le da la razón al decir que “ignora lo que debe hacer”. Tal afirmación por parte de Ofelia la sitúa (a ella y al propio género femenino en su conjunto) como sujetos de respuesta no racional y de menor capacidad de reflexión que los hombres.

Polonio asegura que su hija habla “como una muchacha loquilla” y “sin experiencia para cosas peligrosas”, lo que refleja que en el pensamiento de la época la mujer era concebida como un ser infantil que debe alejarse de cualquier tipo de peligro para el que no está preparada debido a una debilidad marcada por la ternura (que se ve como un defecto). El padre de Ofelia incide en la idea de la imagen infantilizada de la mujer, pues emplea términos como “muchacha” y “niña” para describir a Ofelia.


Explicación del comportamiento de Hamlet

Clara Calvo explica que la crítica  psicoanalítica ha visto en Hamlet un personaje que, presa del complejo de Edipo, desea a su madre y ejerce una tortura psicológica sobre Ofelia, conduciéndola hasta la locura. No obstante, yo no comparto esta idea que busca explicar el porqué del trato de Hamlet hacia la mujer a la que ama. Desde mi punto de vista, Hamlet, después de la aparición de su padre fallecido, quien le reveló la identidad del asesino, no es capaz de perdonar a su madre, pues esta se ha casado con el hombre que quitó la vida a su antiguo marido y padre del propio Hamlet. El príncipe de Dinamarca, incapaz de comprender el comportamiento de su madre, la ve reflejada en el resto de mujeres, por lo que el odio que siente hacia Gertrudis se extrapola al resto de mujeres, incluida Ofelia.


Locura de Ofelia

La crítica feminista defiende que la locura de Ofelia puede ser causada por el trato que recibe por parte de su padre Polonio y de su hermano Laertes, de quienes recibe órdenes completamente contradictorias en relación a cómo debe actuar con Hamlet, su amado. Primero le ordenan que se aleje de Hamlet, ya que socialmente está por encima de ella y consideran que el amor que siente hacia Hamlet de trata de algo meramente pasajero y de poca relevancia. Más tarde, en cambio, Polonio y el propio Claudio, la utilizan como cebo en su proyecto de espionaje y la instan a que se deje cortejar por Hamlet. Comparto las ideas de este análisis, que, en mi opinión, no deja de plasmar la realidad social en la que los hombres ejercían control sobre las mujeres, teniendo el poder y la capacidad de manipularlas y de utilizarlas.

Otras críticas feministas, en especial la de Elaine Showalter, encuentran otra explicación para la locura de Ofelia. Este personaje está rodeado de hombres poderosos: su padre, su hermano y Hamlet. Los tres terminan desapareciendo: Laertes se marcha, Hamlet la abandona y Polonio fallece. Algunas teorías sostienen que ante la ausencia de sustento masculino que tome decisiones por ella, Ofelia recae en la locura.


Crítica literaria feminista

“Si bien es cierto que por la condición del teatro isabelino la posición de la mujer era muy restringida, obras como Hamlet ayudaron a acuñar una ideología de segregación de la mujer en muchos campos de la sociedad. Y reforzaron el punto de partida de lo que será la lucha por la igualdad de géneros”[9].

Hoy en día se habla de una crítica literaria feminista, género definido por Lisa Tuttle como “la pregunta de los viejos textos”, mientras que Judith Fetterley entiende la crítica feminista como “un acto político que tiene como objetivo interpretar el mundo y cambiarlo al modificar la conciencia de aquellos que leen y la relación con lo que leen”.

La crítica literaria feminista tiene como objetivos desarrollar y descubrir una tradición femenina de la escritura; interpretar el simbolismo de la escritura de las mujeres; redescubrir los viejos textos; analizar las obras desde una perspectiva femenina; resistir el sexismo presente en la literatura; y aumentar la conciencia sexual de la política del lenguaje y el estilo.

La mayoría de autores que figuran en las páginas de los libros de Literatura Universal son varones y su voz es considerada por muchos y por muchas como dominante, marcadamente exclusiva y partidaria del punto de vista masculino. Hay estudiosos que defienenden y promueven este “canon literario”. Harold Bloom es uno de los máximos defensores de la causa, partidario de una literatura tradicional que siga las pautas marcadas por el “canon”. En su obra The Western Canon—The Books and School of the Ages, Bloom define el Canon como “la literatura que va de Homero a a actualidad”. Sus críticos, a los que ve como el enemigo y define como “School of Resentment”, tachan a Bloom de “racista y sexista”, al igual que a sus simpatizantes.

Steve Henderson defiende que Hamlet es la obra perfecta para demostrar la existencia de un lenguaje marcadamente sexista en la literatura clásica. Esta pieza teatral es el claro ejemplo de que tradicionalmente las obras no están escritas desde el punto de vista de las mujeres y que la voz de las mujeres tiende a ser ignorada. Hamlet, una obra que supuestamente se adentra en los fantasmas y sombras de la psicología humana, no revela demasiados aspectos de los dos personajes femeninos (la reina Gertrudis y Ofelia). Sus aparaciones, comportamientos o soliloquios siempre giran en torno a las figuras masculinas que las rodean.

Desde mi punto de vista, que coincide con el de la crítica feminista, es indiscutible el hecho de que tanto la psicología de los personajes femeninos y masculinos está muy influenciada por las diferencias sociales, raciales y nacionales, así como por las diferencias históricas. Está claro que la mayor influencia cultural en los personajes de Shakespeare y por extensión de Hamlet, es la existencia de una sociedad patriarcal. Tal y como expone Steve Henderson en su artículo Hamlet. A feminist Argument, esta sociedad patriarcal tenía un impacto muy negativo en a libertad de las mujeres, quienes no podían expresarse del mismo modo que lo hacían los hombres, además de que la mujer era vista como un ser inferior en amplios ámbitos de la vida pública y privada (artística, social, legal…).

En cuanto a la visión que el hombre tenía de la mujer, esta estaba directamente conectada con el cuerpo femenino, es decir, con la sexualidad. Tal afirmación la podemos aplicar a la obra de Shakespeare, pues Hamlet otorga una serie de atributos a Ofelia (casta, pura, hermosa…), todos ellos vinculados al físico de la mujer y a la sexualidad. El cuerpo de la mujer no dejaba de ser “propiedad” del hombre, quien dominaba y controlaba todos los aspectos de la vida de la mujer, incluyendo la toma de decisiones (los hombres “pensaban por las mujeres”, véase el caso de Polonio en relación a su hija Ofelia).

Si bien los diálogos entre Ofelia y Hamlet eran transparentes para el público de la época, quien aceptaba el trato que Ofelia recibía por parte de los hombres que formaban parte de su círculo, se puede hacer una nueva lectura de la obra, tal y como defiende el colectivo feminista. Tampoco se había acuñado el término “machista”, pero lo que sí está claro es que Hamlet encarna la viva imagen del machismo, síntoma de una marcada sociedad patriarcal.


Después de haber analizado diversos fragmentos de Hamlet podemos comprobar que el lenguaje empleado por Hamlet y Polonio (personajes masculinos) está influenciado por la mentalidad de una sociead patriarcal, en la que los hombres dominaban a las mujeres y ejercían control sobre ellas.

Los términos empleados a la hora de dirigirse a Ofelia, están vinculados con su aspeco físico (hermosa), con su psicología (honesta) y con atributos relacionados con la sexualidad (casta, pura). Esta terminología refleja la visión que se tenía de la mujer en la época, considerada y tratada como un objeto meramente sexual, destinado a casarse con el fin de traer hijos a mundo y cuidar de ellos.

Pese a que en la época isabelina todavía no se hablase de la existencia del machismo, obras clásicas como Hamlet demuestran que sí había una enorme desigualdad entre hombres y mujeres. Gracias a la crítica feminista podemos hacer un nuevo análisis de estas obras, prestando atención al lenguaje sexista (no nos olvidemos del modo en el Hamlet habla a Ofelia), a las relaciones entre los personajes (el padre de Ofelia, Polonio, ejerce control sobre ella, teniendo la capacidad de manipular a una mujer a la que ve como una simple muchacha caracterizada por su ternura) y a la visión que el propio autor proyecta de cada personaje en función de su género.

Hamlet y Ofelia no dejan de ser víctimas de la sociedad de su momento, son como una ventana abierta a un pasado del que todavía no nos hemos despojado. Para poder hablar de un lenguaje no sexista primero tenemos que cambiar la mentalidad de las gentes (tanto la de los hombres como la de las mujeres), pues nuestra lengua es la viva imagen de la sociedad en la que vivimos.


[1] LEÓN MORENO, Felipe Esteban (2012): Hamlet y la mujer en el teatro isabelino, Facultad de Ciencias Jurídicas, Pontificia Universidad Javeriana.

[2] […] William Shakespeare. Hamlet. Literatura Multimedia. <http://blog.educastur.es/poesia/2009/03/23/william-shakespeare-hamlet/>, consultado el 7 de diciembre de 2013.

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