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familia (2)Existen tantos “te quieros” mudos, tantos intentos de un “te quiero” que el tiempo borra y el viento se acaba llevando sin que nunca lleguen a su destinatario, tantos “te quieros” interiores que no llegamos a sacar al exterior… Pero toda persona agradece de vez en cuanto sentir el rumor de esas dos palabras que también podríamos decir a través de acciones como un abrazo, un beso en la mejilla antes de irnos a dormir, una llamada de teléfono inesperada, una visita no planificada…

A veces derrochamos amor con personas que realmente no lo merecen y nos olvidamos de aquellas personas que siempre han estado ahí y darían por nosotros la vida, personas que desde que vinimos al mundo nos ayudaron a que la caminata se hiciese más llevadera. Quizás no siempre acertasen con sus consejos o puede ser que nosotros simplemente hiciésemos oídos sordos a sus palabras en un intento por demostrar que en realidad teníamos razón, pero su intención siempre fue la de enseñarnos lo que para ellos era el mejor camino.

familia (3)Nuestros padres, para bien o para mal, forman una parte muy importante de quienes somos durante nuestra infancia y conforme vamos creciendo y forjando nuestras propias personalidades. Probablemente muchos de nosotros hayamos tenido por heroína a nuestra madre o por héroe a nuestro padre, título difícil de conservar cuando las cosas se tuercen en la adolescencia que en ocasiones afianza los lazos y en otras situaciones abre brechas que creemos inborrables y nosotros mismos hacemos más grandes.

Nos guste o no nuestros padres siempre serán nuestros padres y aquellos que hemos tenido la suerte de haber nacido en un hogar en el que el amor paterno y materno eran una constante -pese a las riñas típicas de cualquier hogar- no podemos renegar de nuestras raíces por muy lejos que estemos del nido en el que nos criamos.

familia (4)Muchas veces olvidamos a quienes nos dieron la vida, ensimismados en nuestros propios mundos, absorbidos por la rutina diaria de las clases en la universidad o una nueva jornada de trabajo marcada por las agujas de un reloj que mueve los engranajes de nuestro cuerpo. Sin darnos cuenta llegamos a convertir la distancia física en una distancia real en la que las llamadas telefónicas van desapareciendo poco a poco y los “te quieros” ya no forman parte de las despedidas de antaño, reducidas a un beso tan tenue que en ocasiones no llega al otro lado de la línea.

Gateamos, aprendimos a caminar por nosotros mismos, jugamos en el patio del colegio, superamos la temida Selectividad, nos graduamos, conseguimos nuestro primer trabajo… Crecimos sanos, con etapas de luz y momentos tiznados por el halo gris de las sombras, pero llegamos a esa meta que para nuestros padres quizás descubrimos demasiado rápido. Y la rutina, la independencia, el caminar sin ir de la mano de nadie, puede hacernos olvidar el mundo al que en otro tiempo pertenecimos y al que nos guste o no seguimos atados.

familia (5)Creemos que nuestras madres y nuestros padres son inmortales, que al marcar los nueve dígitos de su número de teléfono siempre habrá alguien al otro lado que nos salude con un “hola” o un “¿qué tal estás?”, pero lo humano nunca es eterno. Todo tiene un principio y un final. El tiempo no puede borrar el amor paterno y materno, pero sí puede ir dibujando arrugas en los rostros de aquellos a quienes creíamos mágicos e invencibles en nuestra infancia.
Continuamente nos esforzamos en recordar a nuestros amigos y a nuestras parejas lo mucho que las queremos y lo importante que son para nosotros. Intentamos aferrarnos a ellos con puños y garras, dibujando en el aire una cuerda que nos ate para siempre a ellos a través de palabras de amor que a veces olvidamos compartir con personas que también nos quieren. Asumimos que nuestros padres saben lo mucho que los queremos pero, ¿por qué no recordárselo también a ellos? Quizás cuando nos demos cuenta sea demasiado tarde.

familia (1)La vida al fin y al cabo no se trata de esperas, de realidades eternas, la vida es el día a día, el presente que en cuestión se segundos es futuro y es pasado. La vida es esa dicotomía de “te quieros” excesivos y “te quieros” mudos a los que solo nosotros podemos dar voz para que ese susurro llegue a oídos de un destinatario que merece escucharlo.

A veces olvidamos querer a quienes en realidad más queremos.



Fotografía de portada: Ana Souto Villanustre. Parc de Louxembourg, Paris. 2014

Fotografías del cuerpo de texto: Ana Souto Villanustre. 1) Metro de París 2) Escaleras del metro de París 3) Mercado de Bastille 4) Champs Elysées de noche 5) Arco de Triunfo

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