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“El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas” Jean-Jacques Rousseau


Estaba cansado de la rutina insípida de su oficina. A pesar de los sueños de su infancia, la realidad era muy distinta. Cada día el mismo comienzo y el mismo final de una historia que se sabía de memoria. La molesta alarma del despertador le daba la bienvenida por las mañanas y cuando regresaba a casa tras la larga jornada de trabajo, la música de los pubs y discotecas se convertía en una peculiar y poco seductora melodía.  Estaba tan acostumbrado a esa vida que tenía miedo al cambio, al fracaso, a encontrarse en un mundo completamente desconocido para él.

Desde la ventana del imponente rascacielos podía ver toda la ciudad, con su gigantesco parque de tonos verdes rodeado por el resto de piezas que conformaban el puzzle neoyorquino. Desde allí, la masa de gente que recorría las estrechas avenidas no era más que un conjunto de diminutas hormigas y los taxis, de un amarillo brillante, parecían los juguetes de plástico con los que solía jugar de niño. Deseaba poder huir de la oficina, del ruido producido por los teclados de los ordenadores de última generación y de los teléfonos sonando de forma incesante.

Tenía sed de libertad, de escapar del caos de la ciudad, del ajetreo de sus calles y de los cláxones de los coches que circulaban por el centro de la Gran Manzana. Sin embargo, por mucho que soñaba con el viaje que llevaba planeando desde hacía tanto tiempo, se sentía atrapado, como si su oficina tuviese algún tipo de imán invisible. El elegante traje que solía vestir y las corbatas carentes de cualquier tipo de color alegre, presionaban su cuerpo como si fuesen garras clavándose en su piel. La puerta de cristal de su despacho siempre le devolvía el reflejo de un hombre serio y embriagado por una profunda tristeza.

Algún día se despojaría de todas las cadenas que lo mantenían anclado a una cárcel que él mismo había creado y se zambulliría en las aguas de un nuevo mar que surcar tomando el control de las velas de su navío. Algún día sería libre.



Fotografía: Ana Souto Villanustre. Vista panorámica de Nueva York desde el Empire State Building, 2011

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