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puzzle

En muchas ocasiones me he preguntado cómo sería ahora mismo mi vida si en el pasado hubiese tomado decisiones diferentes a las que tomé en su día, cómo sería mi vida si ahora mismo pudiese volver atrás para borrar todo rastro de lágrimas secas en las mejillas, noches de insomnio, tardes perdida en el mar de mis pensamientos, personas que emergieron de la tierra como una flor en primavera y se esfumaron con el estallido de una granada cuya pólvora permaneció en mi piel durante mucho tiempo.

Me pregunto si habría sido más feliz, si los baches por los que tuve que pasar no habrían existido o si esos tropiezos en el camino solo me hubiesen producido rasguños en lugar de heridas de las que la sangre nunca habría manado.

Si volver al pasado supusiese simplemente desdibujar los trazos oscuros de un camino que en determinados momentos estuvo cubierto por la niebla, probablemente volvería atrás y le plantaría cara a esas sombras que tantas veces me persiguieron. Pero ni existe máquina del tiempo ni existen gomas mágicas con las que poder borrar lo malo y hacer perdurar lo bueno. Volver al pasado supondría regresar a un presente diferente, a un presente desconocido fruto de un pasado que con un simple y minúsculo cambio también habría cambiado completamente. La ley causa-efecto entra en juego. No es tan fácil cambiar una piedra que forma parte de un gran conjunto sin provocar que los cimientos tiemblen o se desmoronen.

Regresar al pasado condicionada por lo malo sería negar los destellos de felicidad que fueron iluminando mi vida hasta ahora. Borrar lágrimas sería borrar también las sonrisas del después; apartar de un manotazo a esas personas que trajeron más sombras que luces sería apartar también con un golpe de viento a personas que llegaron después o ya existían entonces. Negar el pasado es negar el presente.

En muchas ocasiones no nos damos cuenta de que en el presente los errores del pasado ya no hacen el mismo daño, ya no tienen ese efecto corrosivo que sí tuvieron en su momento, no son más que recuerdos que nosotros podemos elegir en qué cajón guardar. Tenemos el poder de decidir en qué modo queremos releer las páginas de ese enorme libro de infinidad de tonalidades.

Volver al pasado sería negar mi propia existencia, renegar de quién soy a día de hoy y cambiar mi ser por una persona de un presente futuro en caso de cambiar los engranajes del mecanismo de mi pasado. Somos fruto de las circunstancias, de las situaciones, del tiempo, de vivencias internas y vivencias compartidas, de introspección solitaria e introspección colectiva. Somos producto de las huellas que los demás dejan en nuestras pieles y de las huellas que nosotros vamos dejando con cada nuevo paso en los adoquines que conforman nuestro camino.

La vida es un enorme rompecabezas, pretender arrancar una de sus piezas sería destruir la imagen que se va asomando en el gran puzzle que hemos ido conformando y también nos han ayudado a construir. Podemos lamentarnos, podemos derramar lágrimas sobre los papeles del pasado que un buen día nos atrevimos a sacar de un cajón cerrado bajo llave, pero no podemos cambiar quiénes somos.

No podemos cambiar nuestro pasado, pero sí podemos elegir el rumbo de nuestro futuro siendo dueños de nuestro presente.


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