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Aborto: decisión personal, derecho universal (Asamblea Austrias Letras, Movimiento 15M)


Se nace mujer, no madre

Vivimos en una sociedad en la que el título de madre parece estar por encima de la esencia de mujer, una sociedad que impone la idea de que una mujer para sentirse autorrealizada -y por tanto completa- debe ser madre en algún momento de su vida. ¿Acaso las mujeres solo nacemos para procrear y una vez que somos madres ya no queda nada más que hacer que continuar trayendo criaturas al mundo para asegurar la superviviencia de la raza humana?

La sociedad parece querer olvidar que las mujeres nacemos libres y no existe cadena alguna que nos ate a nuestros úteros condicionando nuestro futuro al rol de madre que quizás no queramos desempeñar. Nuestra libertad empieza por tener poder de decisión y de elegir qué rumbo tomar en el camino de nuestra vida. Antes que madres somos mujeres, personas con una serie de objetivos y sueños que no tienen porque implicar maternidad. Establecer esa relación madre-mujer (o mujer-madre) no solo conlleva encasillar a la mujer fértil en un papel inamovible, sino que también anula a las mujeres que no son fértiles y que a ojos de la sociedad suponen una aberración de la naturaleza, un error biológico en un mundo en el que mujer solo es aquella que engendra vida en su vientre.

Se habla de proteger la vida del concebido, ¿pero qué pasa con la protección de la vida de la mujer y la protección de sus derechos? Del mismo modo que una mujer tiene derecho a ser madre también tiene derecho a no querer serlo. ¿Por qué impedir entonces que una mujer pueda decidir sobre su cuerpo y su futuro como mujer?

No defiendo el aborto como método anticonceptivo, porque existen muchos mecanismos para que una mujer no se quede embarazada (además de que no solo es cuestión de quedarse o no embarazada, sino también de prevenir enfermedades de transmisión sexual). No tiene porque darse una situación de violación o de malformación en el feto para que una mujer decida abortar y la ley por tanto debería amparar a las mujeres que deciden no continuar con el embarazo por otras circunstancias. Obligar a que una mujer traiga al mundo a una criatura no deseada es violencia, es un atentado contra los derechos de una persona que no parece importar a los provida. La vida de la mujer también importa.

Nueve meses de embarazo, nueve meses de vida digna que algunos colectivos defienden, ¿y después? Tener un hijo implica una gran responsabilidad que no todas las mujeres están dispuestas a asumir por diversos motivos, ya sea porque son jóvenes, porque no se encuentran en una situación económica adecuada o porque simplemente no quieren asumir las obligaciones de una madre. Abortar no las convierte ni en asesinas, ni en irresponsables. La relación madre-hijo (o padre-hijo) va mucho más allá de los nueve meses de espera, se trata de una relación recíproca de por vida y desde mi punto de vista, todo niño y toda niña merecen una vida digna. No se trata solo de crear vida, no consiste solo en vivir, sino de vivir dignamente.

¿Es justo que un bebé haya nacido porque un gestor amparado por la ley así lo ha dictaminado? Más injusto todavía -al margen de la injusticia de la que es víctima la mujer- es el hecho de que se ampare la vida del concebido pero no se ampare lo suficiente la vida del niño una vez que ha nacido. ¿Por qué gastar tanta energía en proteger a alguien que todavía no ha venido al mundo y dejar de lado problemas que afectan directamente a la calidad de vid de miles de niños y niñas desamparados en muchas ocasiones por la ley y víctimas decisiones absurdas por parte de determinados políticos?

Yo soy provida libre, provida digna, provida responsable, provida sin abortos clandestinos en los que las mujeres corran el peligro de morir mientras ejercen un derecho que debería ser universal y está basado en una decisión personal. Yo soy provida presente, provida futura que ampare los derechos de los niños que vienen al mundo porque así lo han decidido sus madres (y sus padres). Defiendo el derecho a la vida, pero también defiendo el derecho a que una mujer pueda vivir su vida y decidir sobre su vida.


Ley del aborto a lo largo de la democracia

Esta ley histórica, pionera en España –con la excepción de Cataluña en la II República- supuso la despenalización del aborto en tres supuestos: si el embarazo había sido fruto de una violación (12 primeras semanas de gestación); si el feto presentaba problemas físicos o psíquicos (22 primeras semanas); o si el embarazo suponía suponía un peligro para la salud física o psíquica de la madre.

El incumplimiento de dicha ley podía implicar el envío a prisión del médico (de 1 a 3 años) e inhabilitarle. En lo que a la mujer respecta la pena de cárcel era de seis meses a un año o pagar una multa.

El aborto es libre hasta las 14 semanas, y hasta las 22 en caso de existir un grave riesgo para la vida o salud de la mujer o anomalías graves en el feto. Si la enfermedad es extremadamente grave o las anomalías son incompatibles con la vida, no hay límite de tiempo para abortar. El aborto es legal sin el consentimiento de los padres a partir de los 16 años.

El incumplimiento de dicha ley podía implicar el envío a prisión del médico (de 1 a 3 años) e inhabilitarle. Para la mujer no hay pena de cárcel pero sí posibles multas.

Esta ley vuelve al sistema de supuestos de la ley de 1985.

Se puede abortar en dos supuestos: si el embarazo es consecuencia de una violación (12 primeras semanas de gestación) o si peligra la vida o salud psíquica de la madre (22 primeras semanas).

Para acreditar que el embarazo pone en peligro la salud psíquica de la madre, la mujer tendrá que aportar dos informes de dos médicos que trabajen en centros hospitalarios distintos. Solo en el supuesto de anomalías fetales incompatibles con la vida bastará con el informe de uno de estos dos profesionales (además del informe del especialista que constate la existencia de esa enfermedad incompatible con la vida). En caso de violación, el aborto habrá de practicarse siempre y cuando exista una denuncia previa de la agresión sexual.

Las jóvenes de entre 16 y 18 años deberán contar con el consentimiento de los padres o tutores.

Se mantienen los mismos supuestos y los mismos pazos que en el anteproyecto de 2013. Se puede abortar en dos supuestos: si el embarazo es consecuencia de una violación (12 primeras semanas de gestación) o si peligra la vida o salud psíquica de la madre (22 primeras semanas).

Se considera que el hecho de que el feto padezca una anomalía extremadamente grave puede suponer un daño psicológico a la mujer de igual modo que se puede dar en una violación. En estos casos no será necesario aportar un informe psiquiátrico que confirme la existencia de dicho daño. En el caso de que el feto presente malformaciones o se de algún tipo de circunstancia económica o social, ese daño podrá ser acreditado.


Más información

Documental de la Asamblea Austrias Letras del Movimiento 15M. “El aborto: tres mujeres, tres legislaciones diferentes, un mismo derecho”

http://www.eldiario.es/sociedad/derecho-aborto_0_382861944.html

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