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“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Todos los derechos humanos son universales, complementarios, indivisibles e interdependientes. La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para la dignidad y humanidad de cada persona y no deben ser motivo de discriminación o abuso” Yogyakarta


Creo que los titulares de la mayor parte de periódicos del país no dejaron indiferente a nadie cuando salió a la luz la decisión de la Unión Europa de avalar que los homosexuales hombres no puedan donar sangre.

Me parece increíble que en pleno siglo XXI se den situaciones de este tipo pero que por desgracia son reflejo de la sociedad hetero-patriarcal en la que todavía vivimos, donde la libertad parece ser cada vez más un mito y no una realidad.

Nunca he llegado a comprender por qué los gobiernos de la mayor parte de países invierten tanto tiempo y gastan tanta energía en atacar continuamente a colectivos que simplemente se ven condenados al odio y la injusticia por el hecho de amar. Leyes que prohiben que personas del mismo sexo contraigan matrimonio, medidas para que una pareja de lesbianas no puedan traer al mundo a un niño o a una niña por medio de la fecundación asistida, trabas para que parejas homosexuales no puedan adoptar… La homofobia se respira en los parlamentos y en la calle, como si amar fuese un delito.

¿Por qué yo siendo mujer nunca seré atacada por amar a un hombre y en cambio un amigo mío gay sí será perseguido por querer compartir parte de su vida con otro hombre? ¿Por qué yo no puedo decidir si hoy quiero amar a un hombre y quizás mañana estar con una mujer? Al fin y al cabo no nos enamoramos de un cromosoma X o de un cromosoma Y, sino de una persona. Y eso es lo que nos hace iguales, formar parte de esa gran familia que se hace llamar Humanidad.

La libertad de amar debería ser un derecho universal, pues no hay arma más pacífica que el poder del amor. Que dos hombres se besen en público no supone una ofensa para mí y tampoco me parece un atentado contra mi integridad que dos mujeres se casen en el día de mañana y decidan formar una familia conjunta. Los valores que realmente importan son la fraternidad, el respeto mutuo y la bondad, capaces de mover montañas y hacer brotar felicidad en una pareja independientemente de quién la conforme. Venimos al mundo para vivir la vida al máximo, para sonreir cuando el sol vuelve a iluminar el cielo después de una tormenta, para amar y ser amados ya sea por un padre, una abuela, un amigo o una futura pareja.

Si yo puedo elegir entre un chico rubio o uno moreno, entre un chico alto o un chico más bajito, entre un africano o un europeo, también debo tener la libertad de decantarme por una persona que en lugar de haber nacido con un pene nació con una vagina. ¿Pero es acaso tan relevante? Forma parte de mí, de mis decisiones personales y por tanto de mi privacidad. ¿Estaría atacando a alguien hetero por el hecho de querer amar a una mujer? Ningún gay, ninguna lesbiana ni ninguna persona bisexual son portadores de mal alguno, no son gente enferma que vaya a contaminar al resto de la sociedad con ningún tipo de bacteria. El verdadero virus, el verdadero mal, está en personas que sí están enfermas por no saber aceptar una ley básica de la vida desde que nacemos hasta que morimos: amar.

En este mundo de sinsentidos, de hipocresía, de egoísmo y de injusticia se cometen auténticas atrocidades a diario y se condena a muchas personas a vivir en una cárcel eterna. ¿Por qué obligar a que alguien vaya arrastrando toda su vida las cadenas de un amor prohibido? El acto de amar es el mismo sea cual sea nuestra nacionalidad, nuestra ideología, nuestra religión o nuestra orientación sexual.

¿Qué es lo que va a pasar en un futuro quizás no muy lejano? ¿En nuestros documentos de identidad va a haber una sección en la que ponga la etiqueta “gay”, “lesbiana”, “bi” o “heterosexual”? ¿Van a marcarnos la piel cuando nacemos para que desde la más tierna infancia vivamos divididos y apartados para no contaminarnos? ¿Tendremos que llevar bordado algún tipo de distintivo en las solapas de nuestras cazadoras por si ese tatuaje no es visible y puede llevar a equívocos el desconocimiento de si mi vecino está enamorado de un compañero de trabajo y no de mí?

Me parece aberrante que se avale prohibir en Europa la donación de sangre a los homosexuales. ¿Acaso se ha llevado algún tipo de estudio que demuestre que la sangre de un gay es de peor calidad que la de un hetero y no sirve para salvar la vida de una persona que esté más cerca de la muerte? ¿Acaso los gays tienen algún tipo de glóbulo rojo maligno que de introducirse en las arterias de una persona hetero vaya a producirle un paro cardíaco durante un transplante o una transfusión?

Se llevan a cabo continuas campañas ante la carencia de sangre en determinados momentos del año en muchos bancos de sangre y ahora resulta que la Unión Europea nos ilumina con su maravillosa decisión. ¿Por qué una persona que quiera donar sangre tiene que decirle a la enfermera o al enfermero con quién se acuesta? Forma parte de la vida privada de alguien y no es un hecho relevante.

Los gays no son las únicas personas de este mundo que mantienen relaciones sexuales, por lo que tanto heteros como homosexuales pueden contraer perfectamente el virus del sida si no toman las precauciones adecuadas. Existen muchos tópicos y muchos estereotipos entorno al mundo gay y su supuesta promiscuidad, pero que yo sepa también hay hombres heteros que viven su sexualidad con libertad al igual que una mujer hetero.

Ya no vivimos anclados en el pasado, existen muchos métodos para prevenir las enfermedades de transmisión sexual y tanto homosexuales y heteros están al tanto de su existencia, por lo que no entiendo por qué focalizar la atención en los gays hasta el punto de señalarlos con el dedo como si fuesen los culpables de que el sida siga imperante en nuestra sociedad. Una persona seropositiva ya sea hombre o mujer para empezar no iría a donar, entonces, ¿por qué no dejar que un gay sano done sangre y ayude a salvar vidas gracias a sus glóbulos rojos, blancos y plaquetas?

“Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo” Franz Grillparzer


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