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Para todas aquellas que sigan soñando con ser Barbie por un día, la solución está en pasarse por alguna tienda de Zara y con suerte todavía quedará alguna de las camisetas rosas con el logo de la famosa muñeca de medidas imposibles. Yo desde luego no voy a perder el tiempo ni voy a gastar mis fuerzas en encontrar una camiseta que estéticamente me parece demasiado sencilla -para qué negarlo, también un poco fea- y cuyo mensaje no acaba de cuajar con mis ideas y convicciones. Eso del orgullo rubio no lo veo yo claro y las supuestas reglas para ser una Barbie ideal no me acaban de convencer.


Orgullo rubio

Las muñecas de plástico que vienen en esas cajas estrechas rosa chillón -que puede llegar a doler a la vista en cantidades industriales como es el caso de las estanterías de una tienda en época navideña- son inconfundibles por sus largas cabelleras rubias que han marcado tendencia. El fenónemo Barbie reafirmó como prototipo de belleza el rubio como la opción ideal y cuanto más largo el pelo y más liso, mejor que mejor. ¡Viva la libertad de poder de decisión y de “yo llevo el pelo como a mí me da la gana”!

Proud-Blonde-camiseta-comercializada-Zara_EDIIMA20150312_0246_13No me considero para nada una persona narcisista y tampoco soy –muy a mi pesar- de esas mujeres súper seguras de su aspecto físico, pero puedo decir que me siento castaño-orgullosa. No sé de qué color llevaré el pelo dentro de unos meses ni dentro de un par de años, pero ahora tengo la certeza de no querer teñírmelo y desde luego, menos todavía con el fin de convertirme en un intento de Barbie (de todos modos, el rubio dudo mucho que fuese a sentarme bien).

Personalmente, me fascina la diversidad de cortes de pelo y tonos de cabello, yendo desde el más intenso de los azabaches al pelirrojo o al rubio ceniza. Pelo liso, ondulado, rizado, tirabuzones… Largo, melena, bob, rapado… Más que de orgullo rubio hablaría de orgullo-libre, de la libertad de poder elegir cómo peinarte cuando te levantas por la mañana –si es que tienes ganas de peinarte- y la libertad de mostrar la pureza de un pelo natural o de un tinte que forme parte de tu personalidad porque tú elegiste llevar mechas azules y no amarillas o quizás lilas y no verde manzana.

Si las Barbies son felices siendo todas sus vidas rubias platino, bien por ellas, pero que no pretendan convertir al resto de mujeres en un rebaño de corderitos teñidos de rubio por amor a un orgullo basado en la idea de una belleza perfecta que en realidad no existe, pues perfección no es más que un vacío en medio de la nada.


Lista de normas Barbie

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La parte de atrás de la camiseta con una lista de las normas que te convertirán en Barbie Forever and Ever, parece una especie de receta de cocina para sacar del horno cupcakes de glaseado de caras chupadas y sonrisas Profident con brazos de una delgadez extrema (únicamente superada por las Monster High que quizás en unos meses también estén en el estampado de alguna camiseta del grupo Inditex).


1. Perfecta en rosa

“La imperfección es belleza, la locura es genio y es mejor ser absolutamente ridículo que ser absolutamente aburrido” Marilyn Monroe

  • ¿Perfección o imperfección?

Perfecta y además en rosa… Quizás sea un caso excepcional de la naturaleza, pero entre mis aspiraciones no está el ser perfecta, porque desde mi punto de vista sería una gran pérdida de tiempo y un derroche considerable de energía. Además, ¿en qué consiste eso de ser perfecta? Desde el momento en el que en el mundo hay casi 4 billones de mujeres podrían existir como mínimo 4 billones de tipos de perfección.

La sociedad, por desgracia, se esfuerza en negar la diversidad e impone una serie de esquemas y cánones de belleza “perfecta” que se acaban implantando en forma de microchip en las mentes de la gente. Con todo, siempre habrá personas de alma rebelde que no se adapten a canon alguno o que simplemente no quieran encajar en ningún tipo de molde preestablecido. Al fin y al cabo la diversidad hace que el mundo en el que vivimos sea maravilloso y para qué negarlo, divertido.

Así pues, la palabra perfección no tiene sentido, no tiene una definición, porque no existe dicha realidad. Es de esas palabras de las que se hace un mal uso diario, pues perfecto no significa mejor como se pretende hacer creer constanmente. Lo que hace verdaderamente especial a alguien son sus imperfecciones, esos rasgos que se alejan de lo socialmente aceptado, lo diferente que por ser diferente no tiene porque ser malo ni peor.

  •  La fiebre del rosa

Me gusta el rosa como me puede gustar el amarillo o el rojo, vamos que no es de mis colores favoritos y que yo recuerde nunca lo ha sido. Siempre me he decantado más por el azul cielo, por el verde manzana y por el lila. Vincular la perfección al color rosa es volver a caer en el error de querer demostrar la existencia de una perfección irreal.

El rosa parece ser un color innato a la mujer desde el momento en el que nace y le agujerean en el hospital las orejas para ponerle pendientes del tamaño de un alfiler, pero no es para nada el mejor color del mundo y tampoco el color más perfecto de todos. Si por perfección entendiésemos el conjunto de imperfecciones y por tanto la perfección fuese sinónimo de diversidad, el más puro de los colores sería el blanco, el conjunto de todas las escalas y tonalidades que existen sobre la faz de la Tierra. Pero como ya dije, no creo en la perfección y en consecuencia, no creo ni en la perfección rosa ni en la del blanco por muy blanco que sea.

Así que el paso número uno no me convence en absoluto. Me niego rotundamente a pasarme el resto de mis días envuelta en tela de color rosa como si no existiesen más colores en el mundo con los que transmitir quién soy de un modo mucho más fiel a mi ser y a mi estado anímico en el momento de abrir el armario (y podría apostar que como yo funciona mucha más gente).

A ver si la sociedad se da cuenta de una vez por todas de que no existe un color más femenino que otro, sino que son las personas las que asignan etiquetas a colores que no pertenecen a un género concreto, ¿o acaso cuando nacemos las niñas tenemos el pelo rosa y los niños azul? Y aun si eso fuese así, ¿por qué un niño no podría teñírselo de rosa o una niña de azul?


2. Sueños envueltos en purpurina

Eso de “dream in glitter”, en resumen, tener como filtro onírico la pupurina, me asquea todavía más que el rosa como reflejo de perfección crónica. Eso de espolvorear los sueños con puntitos brillantes que de meterse en un ojo te dejan cegata durante un día entero es una auténtica idea de bombero.

Los de Lepe ponen azúcar en la almohada para tener dulces sueños y las del club de fans de Barbie se dedican a poner purpurina, ¿con qué objetivo? ¿Brillar más, tener que tirarse media hora en la ducha para quitar la capa de purpurina de encima…? ¿O es que tienen algún tipo de complejo vampírico y como saben que lo de ser Barbie es perder el tiempo quieren pasarse al Team Cullen?

A mí para soñar no me hace falta pupurina alguna, es más, cuanto menos brille, mejor, porque a mí el look burbuja Freixenet ya sea en plateado, azul, rosa o dorado, no me acaba de convencer, no va acorde con mi personalidad. Así que yo seguiré haciendo lo que hasta ahora, meterme en cama, cerrar los ojos y dejarme de drogas de diseño en forma de brillantina para soñar que “Barbie me va”.


3. El plástico es perfección

Si me dan a elegir entre natural o artificial, me quedo con lo primero. Además, que estoy cansada de esa obsesión capitalista por meterlo todo en plástico. ¡El plástico contamina! Y estéticamente no sé qué tiene de atractivo algo creado sintéticamente.

Si plástico significa perfección, ¿entonces a partir de ahora las mujeres se van a dedicar a comprar papel de film al por mayor para salir de casa envueltas en plástico como si hubiesen acabado de tatuarse todo el cuerpo? ¿Llevarían ropa rosa por debajo o es más perfecto el papel de film e ir al natural por debajo de la capa de plástico? Tiene que ser de lo más incómodo del mundo… Momias del siglo XXI con el plus de la purpurina, el Egipto de Hello kitty en estado puro.


4. Ama a tu Ken para siempre

Imperativos y amor son dos cosas completamente contradictorias. No creo que sea justo verse en la obligación de amar a ningún Ken para siempre, porque más que un amor sincero sería un amor impuesto y que individualmente te fuerzas a sentir porque sí. Al Ken hay que amarlo mientras el amor hacia él no se apague, sin más.

La vida es un ciclo con cambios y con el amor pasa lo mismo, a veces se acaba por mucho que nos vendan el mito de amor para toda la vida o “el amor de tu vida”. Puede que haya más de un amor, más de un Ken o quizás nunca encuentres a ese Ken que te venden y estés estupendamente sola siendo tú y viviendo por y para ti sin tener que completar tu ser con ningún tipo de hombre ideal.

Aunque suene egoísta –y para nada lo es- solo hay una persona a la que tenemos que amar para siempre y desde luego que no estoy hablando del Ken ni del príncipe azul de los cuentos de hadas y castillos. A quien tenemos que amar siempre y para siempre es a nosotras mismas. Perdemos mucho tiempo en nuestras vidas intentando buscar a esa persona a la que idealizamos desde la infancia por influencia de series, películas y libros hetereosexuales e invertimos muy poco tiempo en querernos a nosotras, en demostrarnos que nos sobran los motivos para amarnos con pureza y sinceridad.

Se habla de almas gemelas, de medias naranjas… ¿Acaso no podemos sentirnos completos y completas siendo nosotros mismos? ¿Necesitamos de segundas personas para ser nosotros en toda nuestra plenitud? No podemos convertir a la gente que nos rodea en fuente de amor y de felicidad, pues la felicidad tiene que manar de cada uno de nosotros.

Y otro aspecto a tener en cuenta es que no necesariamente un Ken tiene que formar parte de nuestras vidas en determinado momento. Somos seres libres y el amor también es sinónimo de libertad. Quizás haya mujeres que no tengan el más mínimo interés en ningún tipo de Ken y prefieran compartir parte de su vida con otra mujer a la que amar siempre que el amor hacia ella perdure. Al fin y al cabo no nos enamoramos de un hombre o de una mujer, sino de una persona.

“La felicidad nace en el interior de las personas. No depende de cosas externas o de otra gente. Cuando nuestra sensación de seguridad y felicidad depende del comportamiento y los actos de los demás, nos volvemos vulnerables y podemos sufrir con facilidad. Nunca le dé su poder a nadie” Brian Weiss

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