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Esta mañana me desperté bajo el cielo parisino con la alegría de que en un par de horas vería en persona a nuestro excelentísimo presidente el señor Mariano Rajoy Brey. Mi único deseo era poder plantarme delante del Elíseo el tiempo que hiciese falta para convertirme en Pequeña Nicolás por unos segundos y tener un selfie con nuestro presi. Si hasta me había molestado en buscar en mi desastroso y desordenado armario esa preciosa camiseta que tengo con tres franjas en las que destaca inevitablemente ese lila tan intenso. Como buena republicana quería recibir con los brazos abiertos a nuestro representante y hacer que se sintiese como en casa con ovaciones de fondo para darle las gracias de que con sus políticas de austeridad los españoles y españolas podamos hacer realidad nuestro sueño de convertirnos en aventureros y exploradores por el mundo adelante en compañía de nuestras mochilas y petates.nos echan2

Hacía un frío de mil demonios y los gendarmes se empañaban en marearme y marearnos (no era la única patiótrica allí presente) mandándonos de una esquina de la calle a la otra y diciéndonos que non podíamos quedarnos parados delante de Elíseo donde haría una aparición estelar el presi gallego que reniega de su tierra. Un segurata acabó cabreándose y me registró el bolso, como si yo tuviese como hobby llevar cuchillos y armas encima (anda que me sobra a mí el dinero aquí en París como para comprar armas de destrucción masiva en el mercado negro, que no creo ni que las vendan. Si eso en Internet, que ni me funciona bien en el sexto en el que vivo).

Así que nada, nos marearban y nos dejábamos marear, hasta que otro par de españoles llegaron y cuando se disponían a desplegar sus inocentes pancartas, un grupo de policías empezaron a correr hacia mis compañeros de lucha y se hicieron con todos los carteles, como si fuesen granadas que se dispusiesen a lanzar a los viandantes. Surrealista, una escena de película que hasta sería demasiado peliculera para aparecer en la gran pantalla.

nos echanDespués de eso no se les ocurrió mejor cosa que acorralarnos de mala manera y ponerse en contacto ipso facto con el “superior” para tomar las medidas oportunas (si es que claro, cuando se nace ya con cara de terroristas, pues tu futuro ya está escrito vayas adonde vayas). De la pequeña palzoleta cercana al Elíseo nos llevaron a una calle donde nos tuvieron pasando frío un rato largo. Y como no tenían otra cosa mejor que hacer, documentación, a identificarse (aunque menudos policías que tiene París, porque no se molestaron ni en escribir mi segundo apellido, como si Souto no fuese tan poco común en Galicia). Y como eran pocos policías para “tanto” español, aparecieron nuevos gendarmes con chalecos y armamento, como si estuviésemos planeando nuestra fuga por las calles de lujo parisino en las que acabaríamos perdiéndonos porque dudo que muchos de nosotros las frecuentemos de no ser por trabajo o ir de paso.

Si hasta aquí la situación era surrealista, lo siguiente ya es para ser analizado por Sigmund Freud de tratarse de un sueño. Como Rajoy y compañía no debían vernos bajo ningún concepto y para evitar que cayésemos en la tentación de volver a nuestro lugar inicial de encuentrp, nos sugirieron maniestarnos en una calle según ellos a seis metros de dónde estábamos. O les fallan las matemáticas a estos polis franceses o aquí el Sistema Métrico Internacional se lo pasan por el forro (y creía que eso era más de británicos y americanos). Así que nada, nos escoltaron hasta un parquecito cercado a Franklyn Roosevelt y allí nos devolvieron las pancartas, como si estuviésemos en el patio de recreo del colegio de Primaria.

Menos mal que algún francés con dos dedos de frente nos apoyó en la causa e incluso se molestó en sacar algún que otro vídeo, animándonos a que nosotros hiciésemos lo mismo.nos echan1

Pues nada, que me he quedado con la espinita clavada en el corazón de poder decirle a la cara a nuestro presidente que “no nos vamos, nos echan” y que si él es feliz con sus políticas de austeridad y le gusta ser un mandado de Merkel, bien por él, pero que no se olvide de la cantidad de españoles que se formaron durante toda una vida en España y ahora tienen que emigrar a países donde tampoco tienen las cosas tan fáciles.

Recomendación para el futuro amigos y amigas, seguraos de no ir por París en grupos de más de dos personas, no vaya a ser que por armar un poco de barullo y llevar algún cartel en la mano os acusen de manifestantes ilegales, porque sí, aquí tres ya son multitud. Y que nada, que Vive la France!

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