Hoy es 29 de noviembre. Para muchos quizás sea un día más, un sábado de rutina de fin de semana. Y sí, ojalá fuese así, ojalá fuese otro día del calendario, un día menos de otoño que nos va acercando cada vez más al comienzo de un nuevo año.

Hoy es el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, un lugar donde el tiempo, donde el transcurso de los días y las semanas es tan diferente a nuestro día a día de 24 horas divididas en mañanas, tardes y noche de trabajo o clase, de monotonía.

Hace poco tuve la oportunidad de acudir a una charla sobre el proyecto Disarming Palestine from Designe, que consiste en la creación de una colección relativamente amplia de productos fabricados en territorio palestino que han sido diseñados por artistas de Palestina en colaboración con estudiantes de la escuela de arte de Emsdetten. Uno de esos elementos de la colección era un reloj de arena, cuyo interior contenía polvo de la piedra del muro que debería esfumarse de una vez por todas. Cada reloj es diferente, en algunos la arena cae más rápido y en otros más despacio, metáfora del paso del tiempo para los propios palestinos que viven entre bombas y nuevos ataques por parte de un ejército poderoso que cuenta con el apoyo económico de grandes potencias mundiales.

Sí, tristemente el día de hoy los calendarios llevan impresa la bandera de un pueblo que de una vez por todas debe ondear con libertad, dibujando en un cielo sin bombas el negro, blanco, rojo y verde de una Palestina en la que ese día los muros -reales e invisibles- se vendrán abajo.

Sin embargo, pese a que hoy sea un día de solidarización con el pueblo palestino, la lucha por la libertad debe llevarse a cabo los 365 días del año con campañas de concienciación; con gente en las calles portando banderas y palestinas como símbolopara dar voz a aquellos que viven entre checkpoints de soldados israelíes; tomando acción a base de no comprar productos que hayan sido fabricados en un país que se hace llamar democrático pero que día sí y día también continúa llevando a cabo políticas que van en contra de los Derechos Humanos y contribuyen a que haya nuevas víctimas de un apartheid que es necesario erradicar.

Me pregunto si Maher Zain tendrá razón y “Palestine Tomorrow Will Be Free”. Y mientras resuenan de fondo las primeras notas de una canción que descubrí hace poco, recuerdo inevitablemente las palabras que dijo Elias Sanbar en el homenaje al gran humanista Abdelwahab Meddeb que tuvo lugar en el Instituto del Mundo Árabe de París el pasado 26 de noviembre. El Embajador Palestino de la Unesco habló de la dicotomía de una futura paz en territorio Palestino e hizo hincapié en el hecho de que una paz de tratados que pongan fin al conflicto no es más que una paz fría, un anestesiante artificial que en realidad debería consistir en una paz de corazón, en la reconciliación.

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