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Hoy es un día de luto para los amantes del séptimo arte y para todos aquellos que crecieron con películas de un grande que nos ha dejado, un actor inolvidable al que siempre recordaremos con cariño y que seguirá vivo en en nuestros corazones.

Robin Williams decía que su mayor miedo en la vida no era quedarse solo, sino sentirse solo estando acompañado, pero donde quiera que esté ahora, Robin Williams nunca estará solo. Su recuerdo seguirá latente en sus frases; en esa luz azul de unos ojos que se han apagado pero que nos seguirán iluminando a través de la gran pantalla; en interpretaciones de personajes inmortales; en sus historias; en la voz del genio de Aladdin…

Uno de mis recuerdos de infancia es esa criatura gelatinosa de color verde creada por un científico loco de gafas de metal y pelo alocado. Evocando escenas de esa película recuerdo a Robin Williams en la pista de baloncesto poniendo a prueba su nuevo invento en forma de spray para saltar más lejos; el coche rojo volador; su mirada al contemplar la belleza de la mujer de la que se había enamorado…

También me acuerdo de Hook, de ese Peter Pan adulto que regresó al País de Nunca Jamás, sentado a la mesa con sus amigos intentado hacer aparecer comida en mesa. La importancia de la imaginación que con los años va desapareciendo, al igual que la inocencia infantil.

Robin Williams nos hizo reír con su papel de Mrs. Dubtfire, con la interpretación de esa anciana que meaba de pie, una mujer bajo cuyos vestidos floreados se escondía un padre que deseaba estar más cerca de sus hijos y pasar más tiempo con ellos.

Sin duda alguna, una de mis películas favoritas de Robin Williams y una de mis preferidas del mundo del cine es El club de los poetas muertos. Un film que nos acercó a poetas como Walt Whitman a través de versos inmortales. La poesía como riqueza, como tesoro y las palabras como magia, como herramienta de presente y futuro para crear un mundo mejor y reflejar por escrito la belleza que nos rodea. Inolvidable Robin Williams encima de la mesa de la clase, rodeado de alumnos brillantes que terminarían amando la poesía.

También he tenido el privilegio de haber visto Awakenings en una de las clases de psicología en Estados Unidos. Esa película en la que Robin se convierte en un maravilloso médico que dio una vida mejor a los enfermos mentales a los que se trataba como a seres sin vida ni sentimientos. El despertar del cambio en el mundo de los centros psiquiátricos y el despertar de una vida dormida -pero no apagada- en los corazones de unos enfermos con ganas de seguir viviendo.

Todavía me quedan muchas películas por ver de un grande, tardes y noches en las que disfrutar de su gran legado y mantener vivo su recuerdo.

Oh Capitán, mi Capitán, gracias por esos momentos de risa, por el sabor salado de las lágrimas que he derramado, por las numerosas sonrisas que has dibujado en mis labios, por esas citas soñadoras y esperanzadoras, por esos mensajes de tus películas, por haberme hecho disfrutar una tarde viendo un de tus películas, por haberme hecho recordar las clases de inglés americanas a través de los versos de Whitman, por esa nariz roja de payaso y esa sonrisa que regalaste a un niño enfermo, por ese trabajo inolvidable al lado de un brillante Robert DeNiro en silla de ruedas…

GRACIAS POR HABERNOS ILUMINADO DURANTE TODOS ESTOS AÑOS CON TU HALO MÁGICO Y POR HABERNOS DEJADO UN GRANDÍSIMO LEGADO.

Oh Capitán, mi Capitán, tu viaje ya ha terminado, como ese terrible viaje del poema de Whitman. Donde quiera que estés, descansa en paz.

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